JORNADA PROVINCIAL DE JUVENTUD 2011
INTRODUCCIÓN
Queridos amigos:
Hay que recordar que uno de los compromisos fundamentales de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y Caribeño fue la realización de una “Misión Continental” que ponga a la Iglesia en estado permanente de misión. El tiempo ha llegado, el momento ya está aquí, es hora de vivir y testificar la fe. Es una aventura para todos aquellos que desean remar mar adentro, con el soplo potente del Espíritu Santo, sin miedo a las tormentas, seguros de que la Providencia de Dios nos deparará grandes sorpresas (DA 551).
¿Será posible encontrar, aquí y ahora, con quien compartir la aventura de la vida? La respuesta la puedes dar tú, que estás leyendo estas líneas. Tú que has hecho o quieres hacer una opción por la vida eclesial porque sabes que ahí puedes hallar a Jesucristo, camino, verdad y vida (Jn 14,6). Conocer a Jesucristo por la fe es nuestro gozo; seguirlo es una gracia, y transmitir este tesoro a los demás es un encargo que el Señor, al llamarnos y elegirnos, nos ha confiado (DA 18).
El Papa Benedicto XVI nos dice: En la era de la globalización, sed testigos de la esperanza cristiana en el mundo entero: son muchos los que desean recibir esta esperanza. Ante la tumba del amigo Lázaro, muerto desde hacía cuatro días, Jesús, antes de volver a llamarlo a la vida, le dice a su hermana Marta: «Si crees, verás la gloria de Dios» (Jn 11, 40). También vosotros, si creéis, si sabéis vivir y dar cada día testimonio de vuestra fe, seréis un instrumento que ayudará a otros jóvenes. Además, quisiera que todos los jóvenes, tanto los que comparten nuestra fe, como los que vacilan, dudan o no creen, puedan vivir esta experiencia, que puede ser decisiva para la vida: la experiencia del Señor Jesús resucitado y vivo, y de su amor por cada uno de nosotros.
Es necesario que los jóvenes bien formados en la fe y arraigados en la oración, se conviertan cada vez más en los apóstoles de la juventud. Que salgan a las calles con un espíritu misionero capaz de derribar los obstáculos que el mundo ha creado.
Continuando con la invitación de su Santidad Benedicto XVI a dar testimonio de nuestra fe para ser instrumentos que ayuden a otros jóvenes a encontrarse con Jesucristo; con gozo y esperanza les anunciamos que se inicia la Misión Continental con y para jóvenes en nuestra Diócesis con la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud 2011.
Para todo esto, ofrecemos un programa de animación, formación y acompañamiento, que ayude a todas las parroquias en la apremiante tarea de evangelizar a los jóvenes, con especial atención a los más alejados e indiferentes. Recordando que será en una Semana de Animación (15 al 19 de Agosto) en toda nuestra diócesis, para concluir con un evento celebrativo, la Jornada Provincial de la Juventud el 20 de agosto en Guadalajara.
Sabemos que las parroquias harán las adaptaciones necesarias para efectuar esta semana, sólo pedimos que el material sea aprovechado en los diferentes grupos apostólicos que verán recompensadas todas sus tareas en Cristo Buen Pastor.
Desde ahora oramos para que este material y este proyecto sea todo un éxito para nuestra Diócesis sabiendo que son momentos privilegiados en los que adolescentes y jóvenes podemos unirnos para vivir la fe que Cristo nos recuerda será la perla más grande que podamos tener.
OBJETIVO MISIÓN DE ADOLESCENTES Y JÓVENES:
Iniciar la misión con y para adolescentes y jóvenes en la Diócesis que nos motive a seguir evangelizándolos en los ambientes donde se encuentren, en sintonía con la Jornada Mundial para que arraigados y edificados en Cristo, estemos siempre prontos a dar testimonio de nuestra fe a todos.
PROGRAMA DE ANIMACIÓN:
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Semana de animación y preparación en las parroquias, del 15 al 19 de agosto. Viviendo los temas que en la parte inferior se proponen. Y algunas otras actividades, que se añaden en la parte de los anexos.
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Clausura Provincial de la Jornada Provincial de la Juventud 2011 en el Santuarios de los Mártires Mexicanos, agosto 20.
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Motivación, creación y acompañamiento de nuevos grupos de jóvenes y de adolescentes en las parroquias.
SEMANA DE LA JORNADA PROVINCIAL Y DIOCESANA DE LA JUVENTUD 2011.
“Adolescente y joven es tu tiempo: ¡Vive y testifica tu fe!”
El Papa Benedicto nos invita al Encuentro Mundial de la Juventud:
“Pienso con frecuencia en la Jornada Mundial de la Juventud de Sydney, en el 2008. Allí vivimos una gran fiesta de la fe, en la que el Espíritu de Dios actuó con fuerza, creando una intensa comunión entre los participantes, venidos de todas las partes del mundo. Aquel encuentro, como los precedentes, ha dado frutos abundantes en la vida de muchos jóvenes y de toda la Iglesia. Nuestra mirada se dirige ahora a la próxima Jornada Mundial de la Juventud, que tendrá lugar en Madrid, en el mes de agosto de 2011. Ya en 1989, algunos meses antes de la histórica caída del Muro de Berlín, la peregrinación de los jóvenes hizo un alto en España, en Santiago de Compostela. Ahora, en un momento en que Europa tiene que volver a encontrar sus raíces cristianas, hemos fijado nuestro encuentro en Madrid, con el lema: «Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (cf. Col 2, 7). Os invito a este evento tan importante para la Iglesia en Europa y para la Iglesia universal”.
Y nosotros queremos unirnos, desde nuestras comunidades, a tan significativo acontecimiento de la Iglesia Universal, dando un espíritu muy especial a nuestra Semana reflexionada en nuestras parroquias. Toda la propuesta de catequesis, dinámicas y reflexiones están inspiradas en el Mensaje que su Santidad ha enviado a todos los jóvenes del mundo. También queremos celebrarla en sintonía con las Diócesis vecinas que conforman la Provincia Eclesiástica de Guadalajara.
El objetivo de esta Semana de Jornada Diocesana de la Juventud (JDJ) es:
Vivir con renovado impulso misionero la JDJ impulsados por la Misión Continental y en sintonía con la JMJ, para iniciar la Misión en nuestra Diócesis y llevar a todos los jóvenes, en especial a los alejados, la Buena Noticia de Jesucristo, para que todos en Él tengamos vida plena.
Los temas son cinco:
Tema 1: En las fuentes de vuestras aspiraciones más grandes.
Se pretende que los adolescentes y jóvenes tomen conciencia y abran su interior a Dios, a quien buscan, aun sin saberlo, a través de sus más grandes aspiraciones de felicidad y plenitud.
Tema 2: Arraigados y edificados en Cristo.
Esperamos que los adolescentes y jóvenes descubran que sólo en Jesucristo se alcanza la felicidad y la plenitud que tanto anhelan, a condición de que edifiquen y arraiguen su vida sólo en Él, con todas las exigencias que conlleva.
Tema 3: Firmes en la fe.
Reflexionar juntamente con los adolescentes y jóvenes sobre el centro y fundamento de nuestra fe cristiana: Cristo muerto y resucitado, para que fortalezcan y vivan su identidad cristiana con alegría y valentía.
Tema 4: Creer en Jesucristo sin verlo.
Esta catequesis quiere llevar a los adolescentes y jóvenes a renovar su fe en Jesucristo a quien no ven, pero que sin embargo, saben que camina junto a ellos, y lo sienten, escuchan y aman de muchas maneras.
Tema 5: Sostenidos por la fe de la Iglesia, para ser testigos.
Se desea que los jóvenes conozcan más y valoren mejor a la Iglesia de la que son parte importante, para que vivan en comunidad la salvación y se comprometan en la misión que Jesucristo le ha confiado.
Seguimos la metodología ya habitual en nuestros temas de reflexión para jóvenes:
Es importante equilibrar el tiempo e intensidad dedicado a cada paso, no “anclarse” en uno. Asegurar una participación activa que estimule la interiorización, lleve al compromiso personal y comunitario, propicie la comunión y el dialogo enriquecedor.
- OBJETIVO: Es la propuesta en sí del tema a reflexionar. Se explícita el título o bajo que aspecto y dimensión se abordará el tema. En él se plantea de manera concisa los logros que se pretenden alcanzar. No perderlo de vista pues los demás momentos del encuentro se orientan en la consecución de dicho objetivo, sin olvidar que Dios siempre puede intervenir de manera imprevista.
- ORACIÓN INICIAL: Es el primer momento donde se busca ayudar al adolescente y joven para que se encuentre de manera personal y comunitaria con Dios. Es un tiempo de silencio, de escucha, de alabanza, de diálogo con el Señor. Dedicar el tiempo necesario, tener una esmerada preparación y acondicionar lo mejor posible el lugar.
- MOTIVACIÓN: Este momento es breve y pretende despertar el interés de los jóvenes hacia el tema que se desea reflexionar. Se trata de sensibilizar y disponer a los jóvenes a una atenta escucha sobre el querer de Dios.
- ILUMINACIÓN: Es la parte central del tema. En este momento escuchamos el querer de Dios que se nos manifiesta en su Palabra y en el Magisterio de la Iglesia. Es el espacio de análisis y reflexión más profundo que nos ayuda discernir sobre nuestra vida.
- SITUACIÓN EN QUE VIVIMOS: Teniendo presente el designio de Dios nos acercamos a nuestra realidad con sus carencias, sus dificultades y sus problemas más sentidos. Se ha de implicar a los jóvenes. Descubrir las luces y las sombras de nuestro vivir cotidiano como jóvenes católicos.
- COMPROMISO: Es el aterrizaje del tema mediante un compromiso personal y comunitario, que vaya transformando al joven en hombre nuevo. Se trata de buscar los cómo llevar a la vida diaria lo reflexionado.
- CELEBRACIÓN: Es la culminación del tema. Poner en las manos de Dios toda nuestra vida. En un ambiente de oración-celebración asumir un compromiso y pedir la Gracia de lo Alto para hacerlo vida. Es celebrar en la oración todo lo que somos y tenemos.
Les compartimos algunas indicaciones que creemos de suma importancia para la utilización del material, pero sobre todo para la vivencia de la Semana:
- Este material es sólo de apoyo, lo que supone la acentuación de algunos elementos, la complementación y la adaptación a las situaciones concretas de los jóvenes; un material que busca unificar en lo fundamental, pero que estimula la profundización y adaptación a la diversidad de situaciones.
- Involucrar a toda la comunidad parroquial. Que sepan de la misma y oren por los adolescentes y jóvenes.
- En lo posible involucrar a los adultos en la organización y realización de esta Semana. De modo valioso será la presencia del Sacerdote de la comunidad.
- Al inicio de cada encuentro tomar conciencia de que es el Señor quien nos convoca y en su nombre nos reunimos. Pedir la luz del Espíritu Santo y docilidad para dejarnos conducir por Él. Que cada día sea siempre una vivencia de fe y una experiencia que lleve al joven a encontrase con Dios.
- Favorecer momentos significativos de silencio interior para escuchar la voz de Dios, escuchar su Voluntad.
- Quienes compartan la reflexión lo hagan desde lo que Dios ha realizado en ellos. No sermón, no clase escolar, no charla… sino testimonio de vida. Y sobre todo un testimonio gozoso.
- No es necesario que se sigan todos los momentos de cada tema a reflexionar. No limitemos la Gracia de lo Alto en aras del orden y del horario.
- Promover en los jóvenes una actitud de atenta escucha, respeto y de seriedad, como condición primera para dejarnos conducir por el Espíritu Santo.
- No habrá compromiso en cada tema o día de encuentro, solo se sugiere una pequeña actividad para el día siguiente. Procurar retomar la tarea encomendada. El compromiso se hará en el último día, a fin de asumirlo como conclusión de la Semana.
- Poner mucha atención y cuidado hacia los jóvenes “alejados”: siempre con un trato fraternal, alegre y acogedor. Y que lo reflexionado sea buena noticia y significativo para su vida.
- Antes de hablarle a los jóvenes de Dios, hablemos con Dios de los jóvenes.
Que el Espíritu Santo, Señor y dador de Vida, los asista con su Luz y renueve el corazón de todos los jóvenes que vivirán esta semana, y sea para todos una invitación a ser discípulos misioneros de Jesucristo prontos a dar testimonio de nuestra fe a todo el que lo pida.
Sus hermanos y amigos:
EQUIPO DIOCESANO DE PASTORAL DE ADOLESCENTES Y JOVENES
DIÓCESIS SAN JUAN DE LOS LAGOS
TEMA 1
EN LAS FUENTES DE VUESTRAS ASPIRACIONES MÁS GRANDES
Objetivo.
Que el adolescente y joven se dé cuenta de la “huella” que lleva de Dios en lo más profundo de su ser, reflexionando sobre la mayor de las aspiraciones de todo hombre: el deseo de felicidad. Para que tome conciencia y se abra desde su interior a Dios, fuente de la felicidad auténtica, a quien sin haberse imaginado siquiera, ha buscado durante su vida.
Oración Inicial.
- En un clima de silencio y oración, invitar a los jóvenes a tomar conciencia de que hemos sido convocados, llamados, reunidos por Jesucristo, esta noche. Él está en medio de nosotros. Abramos nuestros oídos y nuestro corazón para escucharle; y abramos nuestra mente y nuestros labios para hablarle.
¡Oh mi Buen Jesús! los jóvenes estamos llenos de deseos, buscamos la felicidad en distintas partes. En el andar de nuestras vidas, desesperadamente corremos tras lo que nos parece ser la felicidad, pero una vez que alcanzamos aquello descubrimos que no es así, que la felicidad no era eso. Nuestra sed de felicidad no se sacia con lo que el mundo nos ofrece. Nuestros corazones inquietos no descansan, no alcanzan satisfacción en los placeres mundanos. Ahora, Señor, volteamos nuestras miradas hacia Ti, queremos que nos muestres tus caminos, que nos guíes hacia la verdadera felicidad; sé Tú quien sacie la sed hiriente de nuestros corazones inquietos. Amén.
- Se puede cantar, escuchar o ver el video de la canción: “Sumérgeme” (Jesús Adrián Romero).
- Padre Nuestro y Ave María.
Motivación.
El hombre de todos los tiempos siempre ha aspirado a más de lo que aparentemente puede lograr o puede llegar a ser. Siempre se ha fijado metas y las ha superado con extraordinario valor. Basta con ver los adelantos tecnológicos que ha alcanzado. Cosa de las imaginaciones más locas el que el hombre pudiera volar, o llegar sumergirse en las profundidades del océano, llegar al espacio. En la actualidad eso es una realidad: aviones, submarinos, cohetes espaciales, etc. La longevidad del hombre ha aumentado gracias a los adelantos médicos. La rapidez como se transmite la información es impresionante. El hombre siempre va en búsqueda de más.
Veamos en la realidad personal de cada uno de nosotros. Durante las distintas etapas de nuestra vida los grandes anhelos se han hecho manifiestos en nuestro ser. Desde los sencillos juegos de niños, cuando jugábamos a ser súper héroes, pasando por las grandes fantasías de ser padres modelos o el querer hacer del mundo un lugar mejor, esperando que las amistades sean sinceras y ejemplares, hasta la donación de nuestro ser por una noble causa.
Tenemos dentro de nosotros un profundo deseo de ser más, de trascendernos, de ir más allá de los límites que tenemos trazados, lamentablemente en muchas de las ocasiones, por la sociedad y en otras, de manera aún más lamentable, por murallas que nuestra propia mente ha levantado. O ¿quién de nosotros ha deseado ser mediocre? ¿Para quién su más grande aspiración ha sido llevar una vida marcada por la tibieza? No, dentro de nuestro interior está el anhelo de superar la mediocridad, de dar siempre lo mejor de nosotros y superarnos. Este gran anhelo es el de encontrarnos con la felicidad.
Y es que todo hombre busca la felicidad, pero, ¿qué es la felicidad? Muchas son las definiciones que los grandes pensadores han dado de la felicidad, muchos han hablado sobre su existencia, sobre su duración, sobre sus efectos. Posiblemente cada uno de nosotros tendrá una definición, su propio concepto de felicidad. Tal vez, salud sea sinónimo de felicidad, tal vez la felicidad es ausencia de dolor. Para otros, la felicidad serán los bienes materiales que poseen. Para otros el pasarla bien con los amigos. Otros consideraran que la felicidad son los distintos vicios que abundan en la sociedad actual. Todo hombre aspira a la felicidad, es su gran aspiración, es su trascenderse. Y sin embargo, aunque todos deseamos ser felices, por qué no todos lo somos: ¿será vana ilusión? ¿Dónde están las resistencias? ¿La felicidad que tanto anhelamos dónde está? ¿Estamos en el camino correcto para alcanzarla?
- Invitar a los jóvenes a dialogar sobre estas u otras preguntas al respecto:
- ¿Los adolescentes y jóvenes, hoy son felices? ¿En qué se manifiesta?
- ¿Qué es lo que más anhelan los adolescentes y jóvenes? ¿Qué sueñas y qué esperan?
- ¿Qué significa una vida feliz y qué significa una vida infeliz?
- ¿Se puede ser feliz en esta vida?
- ¿De dónde nos viene ese anhelo tan profundo de ser felices, dichosos, plenos, alegres?
Iluminación.
El Papa Benedicto XVI en su mensaje para la Jornada Mundial de la Juventud 2011, nos dice sobre esta realidad de que el hombre siempre aspira a más: "El deseo de la vida más grande es un signo de que Él nos ha creado, de que llevamos su “huella”. Dios es vida, y cada criatura tiende a la vida; en un modo único y especial, la persona humana, hecha a imagen de Dios, aspira al amor, a la alegría y a la paz".
El hombre contemporáneo erróneamente quiere hacer a un lado a Dios, no desea más vivir en un mundo donde Dios esté presente. Se pretende mandar a Dios al ámbito privado, no tiene lugar en la sociedad y no significa nada para el buen funcionamiento de ésta. Se concibe a Dios como un opresor para el hombre, una limitante, como enemigo de la vida del hombre, de la plenitud del mismo.
¿Acaso es correcta esta concepción de Dios? ¿Realmente Dios trunca al ser humano? Nada más equivocado, el Papa continua diciendo en su mensaje a los jóvenes: "Entonces comprendemos que es un contrasentido pretender eliminar a Dios para que el hombre viva. Dios es la fuente de la vida; eliminarlo equivale a separarse de esta fuente e, inevitablemente, privarse de la plenitud y la alegría".
Sólo en Dios el hombre encuentra el sentido de su vida, el porqué de su existir. El encuentro de Jesús con la mujer de Samaria es muy revelador para el hombre que busca en el mundo la felicidad. El mundo satisface la sed de felicidad en el ser humano por un breve momento, pero rápidamente se ve sediento nuevamente: “Respondió Jesús y le dijo: todo el que bebe de esta agua volverá a tener sed” (Jn 4,13).
Jesús nos ofrece un agua de felicidad muy distinta a la que bebemos en el mundo, Él nos ofrece “agua viva”: "Cualquiera que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed, sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. La mujer le dijo: Señor, dame de esa agua, para que no tenga sed, ni venga más acá a sacarla" (Cfr. Jn 4,14-15). Jesús nos ofrece la auténtica felicidad, la plena felicidad y no una pura ilusión, no un fantasma de lo que es la felicidad.
Y es que en el mundo podemos encontrarnos con muchas cosas que nos prometen la felicidad, que efectivamente nos proporcionan felicidad, pero de manera efímera. La sed hiriente de felicidad, rápidamente se hace presente nuevamente en el corazón del hombre. Es entonces que descubrimos el porqué de la conducta materialista del hombre contemporáneo; se hace propietario de una cosa, le proporciona felicidad, pero le dura poco, así que es necesario apropiarse de otra cosa, y así consecutivamente. Es lo mismo que sucede con las personas alcohólicas, drogadictas, etc.
Nos dice el compendio de la Doctrina Social de la Iglesia Católica en el tercer capítulo: “La persona humana, en sí misma y en su vocación, trasciende el horizonte del universo creado, de la sociedad y de la historia: su fin último es Dios mismo, que se ha revelado a los hombres para invitarlos y admitirlos a la comunión con Él: el hombre no puede darse a un proyecto solamente humano de la realidad, a un ideal abstracto, ni a falsas utopías. En cuanto persona, puede darse a otra persona o a otras personas y, por último, a Dios, que es el autor de su ser y el único que puede acoger plenamente su donación”.
Solo Dios nos ofrece la felicidad verdadera, aquella que no termina, que trasciende hasta la eternidad. La verdadera limitante del ser humano se encuentra en sí mismo cuando se conforma con lo que le ofrece la realidad presente de lo terreno. Cuando se encierra en sí mismo, sin abrirse a los demás. Dios nos hace trascender, nos eleva por encima de nuestra realidad terrena y nos lleva a la cúspide de lo divino. Nos lleva a la entrega generosa de nuestro ser a los demás.
El documento de Aparecida en el número 355 nos dice: Jesucristo es plenitud de vida que eleva la condición humana a condición divina para su gloria. “Yo he venido para dar vida a los hombres y para que la tengan en plenitud” (Jn 10,10). Su amistad no nos exige que renunciemos a nuestros anhelos de plenitud vital, porque Él ama nuestra felicidad también en esta tierra. Dice el Señor que Él creó todo “para que lo disfrutemos” (1Tim 6,17).
Entonces nos damos cuenta de la falsedad que la sociedad contemporánea ha querido implantar en nuestras conciencias sobre Dios, sobre la supuesta alienación que Él implica, la esclavitud que Dios ejerce sobre el hombre que muchos pregonan. Jesucristo es quien nos libera, porque Él es la verdad: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6) y “la verdad los hará libres” (Jn 8,32).La auténtica esclavitud es la del pecado: “Jesús les respondió: en verdad, en verdad os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado” (Jn 8,34).
Y conforme nos dice la Instrucción de la Congregación para la Doctrina de la Fe, “Libertatis Conscientia” en su introducción: “Cristo, por medio de su cruz y resurrección, ha realizado nuestra redención que es la liberación en su sentido más profundo, ya que ésta nos ha liberado del mal más radical, es decir, del pecado y del poder de la muerte”.
Ya Santo Tomás de Aquino lo dijo: “La felicidad del hombre se encuentra en la contemplación de la verdad”. Así podemos concluir que verdaderamente, la felicidad del hombre se encuentra en la contemplación de Dios; sólo en Dios radica la felicidad del ser humano. Sólo quien nos ha creado, sabe y quiere hacernos felices.
“Si el ser humano desea encontrar la felicidad, debe orientar sus pasos hacia Cristo”. (Beato Juan Pablo II).
Situación en que vivimos.
- Elaborar en cartulinas por equipos, las principales cosas, personas, situaciones en las que los adolescentes y jóvenes buscan hoy la felicidad. Presentar los trabajos pasando un equipo a la vez.
- De manera grupal, conforme a lo presentado por cada equipo, anotar en una cartulina aquellas cosas que descubrimos van de acuerdo al Mensaje y la Voluntad de Jesucristo, desechando las que van en contra.
Compromiso.
El Papa nos pregunta, sobre la felicidad y nuestros anhelos de una vida nueva, de un mundo mejor, de una sociedad más justa y fraterna: ¿Se trata sólo de un sueño vacío que se desvanece cuando uno se hace adulto? No, el hombre en verdad está creado para lo que es grande, para el infinito. Cualquier otra cosa es insuficiente. San Agustín tenía razón: nuestro corazón está inquieto, hasta que no descansa en Ti. El deseo de la vida más grande es un signo de que Él nos ha creado.
La felicidad no significa sólo recibir, un esperar pasivo a que ésta nos llegue, no, la felicidad se busca, se va tras de ella. Y se encuentra, y se posee y se comparte, en la medida que seamos, en la Verdad, lo que realmente somos y estamos llamados a alcanzar. Para ello, como ya habíamos dicho, nuestra felicidad está en Dios, es Dios mismo. Así que es momento de salir al encuentro de Jesucristo, dejarnos encontrar por Él, quien con todo poder y amor nos dice: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6) “Sin mí nada podrán hacer” ( Jn 15,6).
¿Dónde podemos encontrar, escuchar, sentir, hablar, compartir a Jesucristo? Los lugares de ese encuentro con Dios son diversos: en la Oración, las Sagradas Escrituras, la Santa Eucaristía, la comunidad cristiana, los pobres, los más necesitados, lo profundo de tu corazón, etc. Es momento de que te decidas y te pongas en camino hacia felicidad auténtica. ¿Cuáles serán, a partir de hoy, tus primeros pasos hacia Dios?
El Papa nos alienta e invita a: “intensificar vuestro camino de fe en Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo. Vosotros sois el futuro de la sociedad y de la Iglesia”.
Actividad para esta noche:
- Dar a cada adolescente y joven una papeleta con las siguientes indicaciones.
Un momento a solas con Dios
Antes de descansar, en el silencio de tu habitación, habla con Dios unos momentos. Dios que te ama y está en lo profundo de tu corazón joven, te escucha:
- Dile lo que te alegra y lo que te entristece.
- Cuéntale tus sueños y anhelos más grandes.
- Platica de tus sufrimientos y de lo mucho que los necesitas.
Ahora, tú, sólo escucha a Dios…
Celebración
- Como al inicio del encuentro, tomar conciencia de la presencia de Dios entre nosotros. Y en silencio y recogimiento invitar a los adolescentes y jóvenes a orar por unos momentos con Dios.
- Pueden servir de guía las siguiente preguntas:
- ¿Qué es lo que me pone de pie cada mañana al despertar? ¿Qué me mueve a seguir caminando en la vida?
- ¿Quién es Dios para mí? ¿Qué lugar ocupa en mi vida?
- ¿Qué significa para mí la felicidad? ¿Actualmente soy feliz?
- ¿Soy motivo, razón, palabra, aliento, esperanza de felicidad para quienes me rodean?
- Dejar unos minutos para que los adolescentes y jóvenes reflexionen las preguntas en silencio.
- Terminar con el Padre Nuestro cantado.
TEMA 2
ARRAIGADOS Y EDIFICADOS EN CRISTO
Objetivo.
Que el adolescente y joven profundice en la persona de Jesucristo y descubra que sólo en Él podrá alcanzar la felicidad y la vida plena que tanto anhela, para que renueve su fe, su esperanza y su caridad y así edifique su vida y a quienes le rodean con un testimonio veraz y alegre de vida nueva que Jesucristo nos ofrece.
Oración inicial.
- Leer de pie y con voz clara: Juan 15 1-17. (Yo soy la vid verdadera).
- Hacer una breve meditación sobre el texto.
- En seguida se da lectura en voz fuerte y firme a la siguiente plegaria.
Has venido a visitarme como Dios y como amigo.
Jesús, no me dejes solo. ¡Quédate Señor conmigo!
Por el mundo envuelto en sombras soy errante peregrino.
Dame tu luz y tu gracia. ¡Quédate Señor conmigo!
En este precioso instante abrazado estoy contigo.
Que esta unión nunca me falte. ¡Quédate Señor conmigo!
Acompáñame en la vida tu presencia necesito.
Sin ti desfallezco y caigo. ¡Quédate Señor conmigo!
Declinando está la tarde voy corriendo como río
Al hondo mar de la muerte. ¡Quédate Señor conmigo!
En la pena y en el gozo sé mi aliento mientras vivo.
Hasta que muera en tus brazos. ¡Quédate Señor conmigo! Amén.
- Entonar un canto sobre Jesús.
Motivación.
- Recontar la siguiente historia. En lo posible que no sea leída.
El árbol frutal y la rama respondona
Había una vez un árbol frutal con un enorme tronco y dos grandes ramas que brotaban de él. Con sus fuertes raíces, se hundía en el suelo y se agarraba fuertemente a las entrañas de la tierra. Cuando soplaba el viento, el árbol se inclinaba y las ramas se torcían.
El viento chocaba con sus sacudidas contra el árbol y parecía que iba a arrancar las ramas y que éstas iban a volar tras él… Hasta se podían oír, si se escuchaba bien, los gemidos y suspiros de las hojas, al ser abofeteadas por el viento. Pasado el temporal, todo volvía a la calma. El árbol se levantaba otra vez como si nada hubiera sucedido y se mostraba feliz y contento, orgulloso de sus ramas, del follaje y de sus frutos grandes y maduros.
Todo iba muy bien hasta que un día… una de las ramas, muy presumida y harta de ser sacudida continuamente por el viento gritó: ¡No hay derecho! A mí siempre me toca recibir todas las bofetadas del viento. Siempre me toca perder las hojas de mi vestido cuando sopla fuerte.
Además, siempre es el tronco quien recibe las alabanzas y los saludos cariñosos de las personas. ¡Claro!, él se agarra fuertemente al suelo con sus raíces y, como si nada…. En cambio, yo… Hace frío… yo le abrigo con mis hojas y ramitas, hace calor y yo cubro su cuerpo con mis hojas, hace viento…., Yo tengo que inclinarme y casi muero constipada. Además a mí siempre me cortan mis ramas cada otoño, me podan y me dejan medio desnuda. ¡Qué vergüenza paso en el invierno! ¡Y que frío cuando cae la nieve! Luego llegan la primavera y el verano… Y, cuando tengo los frutos, vienen los hombres y me arrancan mis hijos. Me los quitan y me los arrancan sin cuidado alguno. ¡Si al menos pidieran permiso! Pero, ¡Ya! Siempre hablan del tronco y con el tronco “Que si es un tronco muy alto, muy grande, muy resistente…” Hasta los enamorados escriben sus nombres dentro de un corazón en su corteza… ¡Ah!, Esto se acabó. Me divorcio de éste árbol ¡Se acabó!
Y, un día de fuerte ventolera, aprovechó un bullido del viento para darse un estironcito y ¡Zas!, se desgajó del árbol. ¡Ay, que feliz se sentía! Al fin era libre. Era ella, sólo ella. ¡Cómo reía, al notar triste al árbol y verle llorar! Porque el árbol lloraba. De la herida producida al desgajarse la rama, caían unas lágrimas silenciosas… ¡Y como se reía la rama…! Hasta que, de repente, se dio cuenta de que la faltaba la respiración. Quería respirar y no podía… Se dio cuenta que las hojas se volvían amarillas, se arrugaban y caían muertas y podridas. También sus frutos se estaban secando y pudriendo… Y notó cómo, sin estar unida al tronco, no valía para nada, no tenía vida.
Entonces, quiso llorar, pero no pudo, no le quedaba ninguna lágrima. Se había secado y ya no era ni una rama.
Si aplicamos el relato a cada uno de nosotros mediante una lectura (ver qué sentimientos nos sugiere y adónde nos lleva, qué nos hace pensar, etc.) descubriremos muchas de nuestras actitudes personales que a la vez son colectivas, a todos nos pasó un poco lo mismo.
A veces quisiéramos ser como el árbol, estar en la vida seguros, contentos, felices… saber resistir a las dificultades y volver a vivir serenos. Pero somos como la rama, queremos ser nosotros mismos y realizar todo como si no necesitáramos de nadie, creemos que siempre nos toca la peor parte, nos quejamos de lo que nos ha tocado en suerte, nos gustaría vivir sin contrapesos, prescindimos de los demás, rompemos con aquello que nos da sustento.
Lo malo es que lo hacemos sin darnos cuenta de las consecuencias y no notamos que nos hemos desgajado hasta que sin saber por qué, pero ya no es posible el injerto ni el trasplante y perdemos la identidad.
Hay una clave, no podemos dar fruto sin entroncarnos en el núcleo común que nos hace humanos. De otra forma, no podemos ser nosotros mismos -ni podemos ser cristianos-, si no contamos con los demás. Y ese tronco común nos viene de quien nos ha creado y nos ama desde la eternidad: Dios.
El mismo Jesús nos lo ha dicho en la oración inicial, con esa imagen tan bella y tan sencilla de la vid: Sólo unidos a Jesús podemos dar frutos, podemos ser lo que somos, y ahí está el sentido y la felicidad que tanto buscamos y tanto anhelamos. Pero volvamos de nuevo a la historia que hemos compartido.
- Invitar a los adolescentes y jóvenes a dialogar sobre la historia contada:
- Una de las ramas gritó: ¡No hay derecho!
- ¿A qué podría gritar cada uno de nosotros lo mismo? Referirse a uno mismo y a situaciones colectivas (Iglesia, barrio, sociedad…).
- Siempre es el tronco quien recibe las alabanzas y los saludos…
- ¿A quién alabamos nosotros?
- ¿Cómo recibimos las alabanzas de los demás?
- “A mí me podan y me dejan medio desnuda…”
- ¿Qué tendría que podar cada uno, para que diera más fruto?
- Cuándo tengo los frutos, vienen los hombres y me los arrancan
- ¿Qué frutos ha dado cada uno?
- ¿Los ha guardado para sí o las ha dado?
- La rama se desgajó del árbol. ¡Ay, que feliz se sentía! Al final era libre
- ¿Nos ha pasado lo mismo como cristianos? ¿nos hemos alejado de Dios o lo estamos ahora? ¿Cómo nos sentimos?
- De repente, se dio cuenta de que le faltaba la respiración, Y notó cómo sin estar unida al tronco, no valía para nada
- ¿Si no estamos unidos a Dios, podemos sobrellevar las dificultades que se nos presentan?
Iluminación.
Respuesta de Dios a la espera de los hombres
Ayer compartíamos cómo todos llevamos un gran anhelo de felicidad, de plenitud, de un algo más que nos lanza a buscar, a luchar, a construir, a soñar… son las huellas de Dios en nuestro interior. Vamos ahora a profundizar un poco más al respecto, para descubrir con renovada admiración que sólo en Cristo, podremos alcanzar la felicidad.
A medida que vamos creciendo y madurando, nos damos cuenta de que hay algo en lo más hondo de nosotros mismos, que es lo que nos motiva para vivir, trabajar, hacer proyectos, levantarse cada día para comenzar con las actividades. Nadie puede vivir sin ese "algo" que tira de su vida. Aunque no sepamos explicarlo bien, el sentirnos a salvo, la satisfacción y la felicidad que no dejamos de perseguir en la vida tienen que ver con esa realidad, más o menos identificada, que nos impulsa y nos gustaría que toda nuestra vida quedara unificada en torno a esa fuerza.
Somos contradictorios. Ponemos todo nuestro interés en conseguir unas metas en las que esperamos encontrar la felicidad, pero, conseguidas las metas, sentimos que lo que buscábamos era mucho más que lo que hemos logrado. Somos más felices por lo que deseamos que por lo que poseamos. Sentimos una sed imperiosa de más, una sed insaciable; soñamos lo infinito, pero los logros son siempre finitos. Hay que buscar otra vez, comenzar siempre de nuevo. Pero ¿qué esperamos? O mejor aún, ¿a quién esperamos?
El hombre no resiste en la espera de la respuesta que colme la sed infinita de su corazón, y cede a la tentación de pensar que puede darse esa respuesta por sí mismo. El problema es que decir "soy capaz por mí mismo" o, por el contrario, afirmar "no es posible", son dos formas de abandonar la espera.
En efecto, la espera se mantiene y crece porque la respuesta sale a nuestro encuentro. Es una respuesta que no viene de nosotros, que no es limitada como nosotros, porque tiene las dimensiones de lo infinito. No es una respuesta que me ofrece simplemente otro hombre, radicalmente sediento como yo. No es simplemente la ayuda de un "genio humano", capaz de expresar mejor que yo cuanto vive en mi corazón sediento. Es una respuesta capaz de responder a mi sed de infinito porque proviene del infinito mismo que sale a mi encuentro.
La respuesta, en efecto, es la expresión de la piedad de Dios por el hombre. Dios, no abandona al hombre a la pretensión de dar respuesta por sí mismo a la sed que lo constituye o a una desesperación escéptica, sino que inicia con los hombres una historia de salvación.
Enseña el Concilio Vaticano II que Dios «después de su caída alentó en ellos la esperanza de la salvación con la promesa de la redención, y tuvo incesante cuidado del género humano, para dar vida eterna a todos los que buscan la salvación con la perseverancia en las buenas obras» (Dei verbum 3).
Dios sale al encuentro del hombre allí donde el joven vive, ama, trabaja, sufre, goza Dios envío a su Hijo, la respuesta de Dios es una Persona y tiene nombre: Jesús.
Dios envió a su Hijo: esta es la respuesta de Dios a la espera del hombre. Aunque podamos tener muchas imágenes o ideas de lo que es el cristianismo y la fe, fruto de la educación que hemos recibido en nuestra familia o en el colegio, o fruto de lo que afirman los medios de comunicación o los diversos agentes culturales, lo cierto es que, sintetizando al máximo, el cristianismo dice de sí mismo esto: Dios envío a su Hijo. Todo lo demás expresa y está en función de este hecho que constituye el centro y el fundamento de la historia y del cosmos. Es importante que confrontemos la idea que tenemos de la fe, con este anuncio, sencillo y radical al mismo tiempo. Radical porque si Dios ha enviado su Hijo, entonces mi sed de infinito puede encontrar quién la sacie. Sencillo porque se trata simplemente de encontrar, o mejor, de ser encontrado por Aquel que Dios ha enviado: el Hijo de Dios ha sido enviado por el Padre para salir a mi encuentro.
Por eso la tarea de la vida es la amistad con Jesús, conocerle y amarle. Convivir con Jesús es el modo para que nuestro corazón sacie permanentemente su sed. Es impresionante que el Evangelio describa la primera intención de Jesús al elegir a sus amigos más directos, los doce, con estas palabras: «instituyó doce para que estuvieran con él» (Mc 3, 14). Estar con Cristo: esta es la respuesta, este es el camino, esto es ser cristiano. Y esto, atención, es el contenido de la vida: porque la vida se nos ha dado para que nuestro corazón se sacie, para que seamos felices.
Los Evangelios nos narran los encuentros de Jesús con los hombres y mujeres de su tiempo. Encuentros que acontecen en las circunstancias normales de la vida, las circunstancias que todos vivimos: la boda de unos amigos (Cfr. Jn 2,1-10), la muerte de un hijo (Cfr. Lc 7,11-17), la enfermedad (Cfr. Mt 8,1-17), un paseo con los amigos (Cfr. Mc 2,23s).
Normalmente cuando nos hacemos amigos de alguien, vamos conociendo, poco a poco, su vida: quiénes son sus padres, dónde ha nacido y crecido, qué es lo que le gusta y lo que prefiere evitar. También la amistad con Jesucristo implica conocerle más y más, para poder seguirlo. El camino que Dios ha elegido para comunicarse a los hombres - hacerse uno de ellos, hacerse hombre – para que así pueda identificarse con Él adquiere toda su densidad a través del método normal y cotidiano con el que se conocen los hombres entre sí: el método del encuentro.
¿Quién es Jesús?
Enviando a su Hijo, Dios ha querido responder personalmente a nuestra espera. El Hijo no es un simple enviado, no es un mero profeta. El Hijo es, como recitamos en el Credo cada domingo, «Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre». Esto significa que el Hijo puede responder a nuestra espera: es el Infinito que sale al encuentro de nuestro corazón que desea todo.
Jesús es verdadero Dios
Esta es una verdad fundamental que la Iglesia ha anunciado siempre, apoyada en los testimonios de los profetas y de los apóstoles; sobre todo, porque desde el principio de la fe cristiana comenzaron a aparecer dudas y errores sobre la humanidad o sobre la divinidad de Jesús.
Jesús es el Mesías que anunciaron los profetas, existen más de 250 profecías que hablan de Jesús en el Antiguo Testamento. Una Virgen dará a luz al Emmanuel (Isaías 7,14; Miqueas 5,1).
Jesús es el Hijo de Dios reconocido por los apóstoles. Simón confesó su fe en Jesucristo: “Tú eres Cristo el Hijo de Dios” (Mt 16,16); y los apóstoles en la barca exclaman: “¡Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios!” (Mt 14,33).
Jesús es el Hijo de Dios reconocido por los paganos. El capitán de los soldados al ver morir a Jesús en la cruz decía: “verdaderamente este hombre era Hijo de Dios” (Mt 27,54).
Jesús realiza acciones propias de Dios: perdona los pecados (Mt 9,6); resucita a los muertos (Lc 7,13-15).
Pero Dios no sólo ha querido responder personalmente a la sed del hombre. Ha querido responder humanamente al hombre. Y así, en el Credo, tras haber confesado que el Hijo es Dios, continuamos nuestra profesión de fe afirmando: «que por nosotros los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María la Virgen, y se hizo hombre». El Hijo de Dios se ha hecho hombre para responder humanamente a nuestra sed, para establecer un diálogo con el hombre, pues en Jesucristo «Dios invisible habla a los hombres como amigos, movido por su gran amor y mora con ellos, para invitarlos a la comunicación consigo y recibirlos en su compañía» (Dei verbum 2). De este modo no hay otro camino para recibir la respuesta que Dios mismo es y que nos ofrece gratuitamente, que la humanidad de Jesucristo.
Jesús es verdadero hombre
La vida de Jesús fue sencilla, común, aprendió a trabajar, observar la ley, etc. Se hizo verdaderamente uno de nosotros, semejante en todo menos en el pecado (Heb 4,15). Creció, jugó, aprendió, obedeció y rezó como lo puede hacer cualquier otra persona (Mt 2,13-23; Lc 2,51). También tuvo tentaciones (Mt 16,22-23) las cuales venció permaneciendo fiel a su Padre.
Como todos nosotros experimentó nuestras mismas necesidades, sintió hambre, sueño, calor, sed, miedo. Necesitó de los demás, sufrió, lloró, amó. Jesús quiso compartir en todo con sus hermanos los hombres.
Sintió afecto y simpatía (Mc 10,21); mostró especial cariño hacia los niños (Mc 10,13-16), en compañía de su madre, aceptó la invitación a compartir la alegría de unos novios que se casaban en Caná (Jn 2,13).
Sufrió dolor y angustia como nosotros: Se conmovió al ver llorar a Marta y María por la muerte de su hermano Lázaro (Jn 11,42-37). En el huerto de los Olivos padeció angustia y tristeza; pide a sus amigos que velen junto a él (Mt 26,38).
Sufre el dolor en carne propia, con todo lo que fue su pasión y crucifixión; como todo hombre también experimenta y muere realmente y es sepultado.
Jesús encuentra sus primeros discípulos, Juan y Andrés, mientras éstos escuchaban predicar al Bautista. Llenos de curiosidad por las palabras que el profeta del Jordán dice sobre Jesús, le siguen y reciben una respuesta humanísima a su pregunta: «Jesús se volvió y al ver que le seguían les dice: "¿Qué buscáis?". Ellos le respondieron: "Rabbí - que quiere decir 'Maestro' - ¿dónde vives?". Les respondió: "Venid y lo veréis"» (Jn 1,35-39). El Evangelio continúa narrando que le siguieron y estuvieron con Él: pasaron juntos la tarde. Y a través de esa convivencia entre amigos, se revela el misterio de la persona de Cristo: «Hemos encontrado al Mesías» (Jn 1, 41), dirá Andrés a su hermano Simón Pedro.
Este es el camino que la Trinidad ha querido recorrer para salir al encuentro del hombre: se llama Encarnación.
Arraigados y edificados en Cristo
Su Santidad Benedicto XVI, en su mensaje para esta Jornada Mundial que estamos celebrando, nos y les dirige a todos los jóvenes del mundo, la importancia de arraigar y edificar la vida joven en Cristo, escuchemos sus palabras:
Para poner de relieve la importancia de la fe en la vida de los jóvenes creyentes, hay tres términos que san Pablo utiliza en: «Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (Cfr. Col 2, 7). Aquí podemos distinguir tres imágenes: “arraigado” evoca el árbol y las raíces que lo alimentan; “edificado” se refiere a la construcción; “firme” alude al crecimiento de la fuerza física o moral. Se trata de imágenes muy elocuentes. Antes de comentarlas, hay que señalar que en el texto original las tres expresiones, desde el punto de vista gramatical, están en pasivo: quiere decir, que es Cristo mismo quien toma la iniciativa de arraigar, edificar y hacer firmes a los creyentes.
La primera imagen es la del árbol, firmemente plantado en el suelo por medio de las raíces, que le dan estabilidad y alimento. Sin las raíces, sería llevado por el viento, y moriría. ¿Cuáles son nuestras raíces? Naturalmente, los padres, la familia y la cultura de nuestro país son un componente muy importante de nuestra identidad. La Biblia nos muestra otra más. El profeta Jeremías escribe: «Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza: será un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa raíces; cuando llegue el estío no lo sentirá, su hoja estará verde; en año de sequía no se inquieta, no deja de dar fruto» (Jer 17, 7-8). Echar raíces, para el profeta, significa volver a poner su confianza en Dios. De Él viene nuestra vida; sin Él no podríamos vivir de verdad. «Dios nos ha dado vida eterna y esta vida está en su Hijo» (1 Jn 5,11). Jesús mismo se presenta como nuestra vida (Cfr. Jn 14, 6). Por ello, la fe cristiana no es sólo creer en la verdad, sino sobre todo una relación personal con Jesucristo. El encuentro con el Hijo de Dios proporciona un dinamismo nuevo a toda la existencia. Cuando comenzamos a tener una relación personal con Él, Cristo nos revela nuestra identidad y, con su amistad, la vida crece y se realiza en plenitud.
Hoy en día los adolescentes y jóvenes nos encontramos ante una situación difícil, en la búsqueda de su identidad que los hace ser únicos, la sociedad le ha presentado muchos modelos a seguir ocasionando que adopten varias de estas personalidades que solo atraen conductas violentas como lo muestra Marcos (5, 1-20), el gran conflicto es que la mayoría piensa que aquello que nos va a hacer diferentes no está en nosotros mismos y por eso tendemos a buscar algo que haga destacar a otros y a aplicárnoslo, este hecho se encuentra íntimamente conectado con el afán de pertenecer a un grupo y no nos damos cuenta que Dios que está en nosotros, es el único que nos puede dar nuestra verdadera identidad y liberarnos de todo lo falso que la sociedad nos ofrece.
Existe un momento en la juventud en que cada uno se pregunta: ¿qué sentido tiene mi vida, qué finalidad, qué rumbo debo darle? Es una fase fundamental que puede turbar el ánimo, a veces durante mucho tiempo. Se piensa cuál será nuestro trabajo, las relaciones sociales que hay que establecer, qué afectos hay que desarrollar escuchándole, estando con Él, llego a ser yo mismo. No cuenta la realización de mis propios deseos, sino su voluntad. Así, la vida se vuelve auténtica.
Como las raíces del árbol lo mantienen plantado firmemente en la tierra, así los cimientos dan a la casa una estabilidad perdurable. Mediante la fe, estamos arraigados en Cristo (cf. Col 2, 7), así como una casa está construida sobre los cimientos. En la historia sagrada tenemos numerosos ejemplos de santos que han edificado su vida sobre la Palabra de Dios. El primero Abrahán. Nuestro padre en la fe obedeció a Dios, que le pedía dejar la casa paterna para encaminarse a un país desconocido. «Abrahán creyó a Dios y se le contó en su haber. Y en otro pasaje se le llama “amigo de Dios”» (St 2, 23). Estar arraigados en Cristo significa responder concretamente a la llamada de Dios, fiándose de Él y poniendo en práctica su Palabra. Jesús mismo reprende a sus discípulos: « ¿Por qué me llamáis: “¡Señor, Señor!”, y no hacéis lo que digo?» (Lc 6, 46). Y recurriendo a la imagen de la construcción de la casa, añade: «El que se acerca a mí, escucha mis palabras y las pone por obra… se parece a uno que edificaba una casa: cavó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo tambalearla, porque estaba sólidamente construida» (Lc 6, 47-48).
Construyamos nuestra casa sobre roca, como el hombre que “cavó y ahondó”. Intentemos también nosotros acoger cada día la Palabra de Cristo. Escucharlo como al verdadero Amigo con quien compartir el camino de vuestra vida. Con Él a nuestro lado seremos capaces de afrontar con valentía y esperanza las dificultades, los problemas, también las desilusiones y los fracasos. Continuamente se nos presentarán propuestas más fáciles, pero nosotros mismos nos daremos cuenta de que se revelan como engañosas, no dan serenidad ni alegría. Sólo la Palabra de Dios nos muestra la auténtica senda, sólo la fe que nos ha sido transmitida es la luz que ilumina el camino. Tomemos con gratitud este don espiritual que hemos recibido de nuestras familias y esforcémonos por responder con responsabilidad a la llamada de Dios, convirtiéndonos en adultos en la fe. No creamos a los que nos digan que no necesitamos a los demás para construir nuestra vida. Apoyémonos, en cambio, en la fe de nuestros seres queridos, en la fe de la Iglesia, y agradezcamos al Señor el haberla recibido y haberla hecho nuestra.
Situación en que vivimos.
¿Qué está pasando con nuestra espiritualidad?
La espiritualidad es tener una intimidad con Dios, una relación con Dios, al hacer oración constantemente, conocerle cada vez más, confiar en Él, esta relación se hace cada vez más íntima y fuerte pero hay circunstancias que nos hacen distorsionar la comunicación con Él como son:
Tener una mente entorpecida no puede amar a Dios, no puede encontrarlo, no puede perdonar, ni comprender, no sabe a dónde va y ¿porque la mente? Porque ahí se da la batalla entre el bien y el mal, por eso san Pablo dice que todos nuestros pensamientos estén sujetos en Cristo y empecemos a ser hombres nuevos renovando nuestra mente, teniendo una forma diferente de ver la vida.
Hoy en día los jóvenes no ven ni piensan más allá de sus sentidos, del placer, de las adicciones, del momento excitante, de la apariencia, de la frivolidad… como jóvenes hemos puesto, con frecuencia, nuestro corazón y nuestra felicidad; y por consecuencia donde no está, como lo es la sexualidad sin responsabilidad, la televisión, la música, el internet, el mismo trabajo, el celular, el goce del fin de semana, el vestido de marca y la moda del día… tesoros tan frágiles y superficiales, como lo es también la alegría que de ellos obtenemos.
Las preocupaciones son otro factor que no nos permite amar en plenitud nos alejan de Dios llegan a ser el centro de nosotros pensamos todo el día en nuestras preocupaciones que se nos olvida escuchar y no nos deja vivir en plenitud porque están encima de Dios, están primero que Dios.
El adolescente o joven que se preocupa no tiene confianza en Dios por eso nos dice “no entorpezcan su mente” y mi preocupación debe ser realizar lo que debo hacer, la misión que Dios me dio y amar a quien debo amar, “quiten todo lo que les preocupa y sean mis amigos” esto es lo importante; preocuparnos por ser nosotros mismos desde lo que somos, es decir, desde lo que Jesucristo nos ha dicho y nos ha alcanzado con su vida, pasión, muerte y resurrección.
Celebración.
- Se ambientará el lugar con una cruz (representando la Vid verdadera), dos velas, iluminación tenue y un cofre o caja adornada que contenga papeles en donde se escribirán regalos que Dios nos da para poder hacer su voluntad, como el amor, la fortaleza, la inteligencia, la bondad, la escuela, la salud, la creatividad, la fe, la biblia, la confesión, los amigos, nuestros padres, la iglesia, cada día, la eucaristía, la juventud, etc.
- Reproducir la canción “Esperar en Ti”.
- Se repartirán varios cuadros de papel roca (como símbolo de piedras que estamos cargando). Y en cada cuadro se escribirá aquello que nos impide unirnos a Dios, por ejemplo: las preocupaciones, ambiciones, vicios, cosas, amistades, pecados, deseos insensatos, todo lo que no les permita tener una relación con Dios y los colocaran a los pies de la cruz como símbolo de dejar todo lo que no nos permite arraigarnos en Cristo y edificar nuestra vida en Él.
- Invitar a que cada joven pase y tome del cofre una papeleta. Reflexionando un momento sobre el regalo que se le dio, en seguida se les preguntará ¿Cómo van a dar fruto con el regalo que han recibido? ¿Cómo ese regalo lo van a llevar a su vida diaria? Indicar las actitudes y acciones concretas escribiéndolas sobre la figura de hoja o fruto que se les proporcionará. Leer nuevamente: Juan 15 1-17. (Yo soy la vid verdadera).
- En seguida pasarán a colocarlas alrededor de la cruz como símbolo de compromiso, que a partir de este momento comienzo a vivir; y que unidos a Cristo, podremos dar frutos que durarán para la vida eterna.
- Finalizar el encuentro con la siguiente plegaria:
Oración de confianza
Concédeme la paz que nace de una perfecta confianza en Ti, ¡Dios de amor!
Fe inquebrantable que nunca duda que lo que Tú eliges es lo mejor para mí;
Lo mejor aun cuando todos mis planes se derrumban; lo mejor aun cuando mi vida se hace difícil; lo mejor aun cuando los recursos humanos son escasos: ¡En Ti tengo cuanto necesito!
Lo mejor aunque mi salud y mis fuerzas flaqueen, aunque los días sean nublados y me falte lo mucho que otros pueden tener: hágase Tu voluntad, Señor, y no la mía.
Cuando lleguen las contrariedades, también ellas serán lo mejor para mí, para desapegarme de este mundo mutable y para arraigarme más en Ti.
¡Concédeme la paz de una perfecta confianza, que me haga desprender de todo, que me haga ver Tu mano en todos los acontecimientos, pequeños y grandes!
Haz que escuche tu voz, tu voz de Padre, que sabiamente me guía.
¡Concédeme la paz de una perfecta confianza y un corazón que goce y descanse en Ti!
AMEN
TEMA 3
FIRMES EN LA FE
Objetivo.
Que el adolescente y joven reflexione sobre el Misterio de Cristo muerto y resucitado, fundamento de su vida y centro de su fe cristiana, para que viva su identidad cristiana de modo seguro y la comparta con convicción y entusiasmo a quienes le rodean.
Oración inicial.
- Prever en un lugar visible una mesa en donde esté un cirio, la biblia y la cruz.
- Leer, dos veces, de forma pausada, sin prisa la siguiente cita bíblica: Marcos 15,33-37.
- Enseguida dejar unos instantes para reflexionar sobre el pasaje evangélico, ayudados por las siguientes preguntas:
- ¿Qué frases te llaman más la atención?
- ¿Cuál crees que fue lo último que pasó por la mente de Cristo antes de morir?
- Si hubieses estado al pie de la cruz, ¿qué le habrías dicho a Cristo en ese momento?
- Escuchar o entonar el canto: “Nadie te ama como yo” (Martín Valverde)
Motivación.
- Repartir a cada adolescente y joven una papeleta con las siguientes frases sobre la fe. De ellas escoger dos, que más les agraden o les llamen la atención.
- Compartir con el de al lado, cuáles escogieron y por qué.
- Un breve comentario de algunos sobre lo compartido con el compañero de al lado.
La fe es el eje
- La fe no es ciega, el corazón la ve.
- La fe no es fría, el espíritu la calienta
- La fe no es tan ilógica, el alma la entiende.
- La fe no es un misterio tan impenetrable, si por donde quiera entramos en ella.
- La fe no es tan absurda, si la necesitamos para todo.
- La fe no es interrogación, es una respuesta que da sentido a la vida del hombre.
- La fe no está muerta, es palabra viva y se enlaza a todo.
- La fe no es un mito, palpita en la vida y se enlaza a todo.
- La fe no es secundaria, es esencial; no es superficial, es profunda.
- La fe no es accidental, es necesaria
- La fe no es un complemento, es una sustentación, una base, un todo: rige la vida del hombre.
- Al que le falta, anda trunco, deforme, insatisfecho, errante; como si algo dentro anunciara que estamos, incompletos, desprendidos, flojos... vacilantes...
- Porque la fe es el amarre, el faro... el sentido y el sostén de la vida.
Iluminación.
Hoy en día los adolescentes y jóvenes está en medio de una lucha, en la cual están por un lado sus gustos, intereses y aficiones personales y por otro lado se encuentran en lo que cree y le han inculcado sus padres, valores morales y éticos.
La cuestión es que cuando se llega a un punto intermedio y se enfrentan las dos posturas, es donde nos sentimos flaquear, debemos de inclinarnos por una u otra, sabemos que debemos hacerlo por alguna de las dos.
Aun así es contradictorio, pues nos dicen que la Iglesia dice tal o cual cosa pero en la vida ordinaria no se puede hacer, que es mejor seguir nuestros instintos y que la Iglesia se ocupe de sus cosas. Sabemos por un lado que debemos optar por Cristo, pero por otra parte el mundo nos grita que optemos por una vida sencilla, sin compromisos, sin Dios.
Es curioso que incluso en la escuela o el trabajo nos presenten las contradicciones de la vida. Toda la vida es contradictoria, al menos eso piensan algunos; pero “de todas las instituciones que más contradicciones tiene es la Iglesia Católica, porque adoran la cruz que mató a su Dios”, etc., etc. Y lamentablemente nos dejamos llevar por estas opiniones mal fundamentadas o simplemente no defendemos lo que se supone “creemos firmemente”.
Hemos dado con un punto importante. En el párrafo anterior concluíamos con la frase: “se supone que creemos firmemente” porque la cuestión es si creemos o no creemos, como dice en el libro del Apocalipsis: «Conozco tu conducta, no eres ni frio ni caliente. ¡Ojalá fueras frio o caliente! Ahora bien, puesto que eres tibio y no caliente ni frio, voy a vomitarte de mi boca» (Ap 3,15-16.). Entonces la pregunta obligada es: ¿creemos o no? Y si creemos, ¿en qué creemos, en qué o quién hemos puesto nuestra fe?
Sin duda alguna la fe no es algo irracional como lo argumentan muchos, de hecho la fe supone la racionalidad de la persona porque cuando la razón no puede entender o comprender algo es cuando entra la fe, es la fe la que da el paso en acercarnos a Dios. El aceptar la fe sin duda alguna es una gracia que hay que pedir a Dios por medio de la oración, pero por otro lado es una aceptación por parte de la voluntad. Esto es porque Dios no nos obliga a creer en lo Él nos revela y la Iglesia nos propone, sino que es algo que por mi voluntad yo acepto. Toda persona está constituida por alma y cuerpo, el alma por su parte tiene dos facultades espirituales, la voluntad y la inteligencia, la voluntad siempre tenderá al bien, y la inteligencia a la verdad. Las dos se conjugan en la fe para buscar a Dios que es el Sumo Bien y la Verdad Eterna.
La fe es una decisión. La decisión de creer en Cristo muerto y resucitado. Este es el centro de nuestra fe, pues si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe (Cfr. 1ª Cor 15,14).
Al hablar de Cristo muerto y resucitado hay muchas cuestiones. Lo primero es por qué morir en la cruz; sabemos que es para el perdón de nuestros pecados, para reconciliarnos con Dios; Cristo abraza nuestras miserias y desobediencia y las transforma en amor y obediencia al Padre. Pero ¿por qué no de otra forma? Al fin de cuentas es Dios. Es cierto al ser Dios seguramente pudo haber salvado al hombre de las garras del pecado de otra forma, pero ésta le pareció la más adecuada. Dios que desea abrazarnos desde lo que menos queremos como lo es el dolor, el sufrimiento, la misma muerte; que sin duda siempre están presente en nuestro ser de creaturas, de seres imperfectos y finitos. La cruz es pues el medio por el cual somos salvados, no es la cruz un tormento, algo que se nos impone y debemos “soportar”. Cristo no soporta la cruz, la ama, no le es impuesta, Él la toma por su propia cuenta, en obediencia a la Voluntad del Padre, obediencia hasta la muerte y una muerte de cruz. Es el medio para santificarnos, para manifestar hasta dónde nos ama, pensemos si mi “cruz” la amo, la acepto y me sirve para santificarme a mí y a los demás.
Jesús toma por este medio nuestros pecados y los carga consigo en la cruz, “Jesús fue entregado por nuestros pecados y resucitó para nuestra salvación” (Rom. 4,25.), es así como damos el paso de la muerte a la vida.
Esto pongámoslo muy en claro, muerte y vida están íntimamente ligados, no son dos realidades separadas, y la preparación para la muerte es a través de toda la vida. Cristo vivió de tal manera que no se preparó a la muerte la noche en el monte de los Olivos, sino que lo hizo a lo largo de su vida con una vida coherente. Con la resurrección Cristo autentifica y plenifica su vida y muerte. La muerte de Cristo no fue una muerte natural, fue condenado, sacrificado en aras de unos intereses políticos y religiosos por la justicia romana. Fue asesinado en una cruz.
Ante esta situación siente miedo, llora, incluso suda sangre. Pide al Padre que pase de Él ese cáliz, pero si es posible, pero concluye su petición diciendo que se cumpla la voluntad del Padre, y su voluntad es que todos seamos rescatados de las garras del pecado.
Pone su fe en el Padre a pesar de que a la hora de su muerte parezca lo contrario, pues exclama: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” Parece ser que Dios calla, Cristo atraviesa el silencio de Dios ante la experiencia de la muerte. Ahora experimenta en su verdadera humanidad la miseria y la soledad de los hombres separados de Dios por el pecado, Dios no lo asiste, nadie le ha salvado.
¡Cristo ha muerto! ¿Ya no hay esperanza alguna? Claro que la hay. Ha resucitado, esto provoca un cambio de actitud en la vida de sus discípulos.
Más que la sangre de Cristo, lo que le agrada a Dios es su obediencia, por lo que estamos más unidos a Cristo por la obediencia, que a Adán en su desobediencia.
Su muerte es la realización del Reino de Dios en medio de la impotencia humana. Nos ha rescatado del pecado, la prueba está en su resurrección.
¡¡¡¡Está vivo!!!!
Los apóstoles de Jesús comenzaron su predicación anunciando este hecho indiscutible: Jesús de Nazaret, quien fue clavado en una cruz y sepultado RESUCITÓ. Todo su mensaje giró en torno de esta noticia; hoy la Iglesia también centra todo su trabajo apostólico en JESÚS RESUCITADO. A partir de esta VERDAD, se realiza la evangelización, hace dos mil años y hasta nuestros días.
La resurrección de Jesús es el hecho más importante de toda la Historia de la Salvación.
- Es un asunto fundante: En él está fundada nuestra fe.
- Y fundamental: Sin Resurrección sería absurda, y no tendría razón de ser nuestra fe.
Si Cristo no hubiera resucitado, la Iglesia no podría anunciar ninguna Buena Noticia de salvación para nadie. San Pablo lo afirma claramente: "Si Cristo no fue resucitado, nuestra predicación ya no contiene nada ni queda nada de lo que creen ustedes…. Y… ustedes no pueden esperar nada de su fe…. Pero no, Cristo resucitó de entre los muertos…" (1Co 15, 14; 17; 20). La Resurrección de Jesús es una VERDAD, a la que de ninguna manera debemos renunciar si nos llamamos cristianos.
Pruebas de la Resurrección.
La máxima obra de Dios, la Resurrección de su Hijo, no tuvo testigos. Sin embargo sí se puede comprobar; hay "evidencias":
- El sepulcro vacío.- Los cuatro evangelistas lo mencionan. Lo reconocen incluso los soldados, los sacerdotes y las autoridades romanas. Aunque no es una prueba directa, es un signo especial, es el primer paso para el reconocimiento de la Resurrección. Juan dice: "vio y creyó (20,8).
- Las apariciones del Resucitado.- En ellas se basa el argumento definitivo para afirmar la Resurrección. NO FUERON VISIONES subjetivas, sino HECHOS OBJETIVOS, HISTÓRICOS. Se describen (en los últimos capítulos de los evangelios), como presencia real y hasta carnal de Jesús; come, camina, deja que lo toquen, platica con ellos. Son una base sólida de la fe en la Resurrección.
- El testimonio de los que creemos.- Aunque no hubo testigos de la resurrección, sí los hay del Resucitado. Quienes lo vieron comenzaron a decir que el "Crucificado estaba vivo" y así es como surge la Iglesia. Nuestra fe procede de los primeros que creyeron y continuamos hoy transmitiendo esa misma fe en Jesús de Nazaret que murió por nosotros, y que RESUCITÓ como primicia de lo que será nuestra propia resurrección. ¡desde hace dos mil años, hombres y mujeres han dado testimonio de la fe en la Resurrección y así seguirá ocurriendo hasta el fin de los tiempos!
¿Qué se entiende por Resurrección de Jesús?
La Resurrección de Jesús es un HECHO REAL, HISTÓRICO -como todo lo que dicen los Evangelios sobre Jesús de Nazaret- y META HISTÓRICO, -va más allá, pues anticipa NUESTRA PROPIA RESURRECCIÓN-.
Cuando pienses en esta VERDAD DE FE, toma en cuenta estas cuatro afirmaciones:
1. La resurrección de Jesús no es una vuelta a su vida anterior, para volver a morir de nuevo. Jesús entra en la vida definitiva de Dios; es "exaltado" por Dios (Cfr. Hch 2,23); es una vida diferente a la nuestra (Cfr. Rom 6, 9-10).
2. Jesús resucitado no es una "alma inmortal", ni un fantasma. Es un hombre completo, con cuerpo, vivo, concreto, que ha sido liberado de la muerte, del dolor, de las limitaciones materiales, con todo lo que constituye su personalidad.
3. Dios interviene, no para volver a unir el cuerpo y el alma de Jesús, sino que ocurre un nuevo prodigio, una intervención creadora de Dios. El Padre actúa con su fuerza creadora y poderosa, levantando al muerto Jesús a la vida definitiva y plena.
4. No se trata de que Jesús resucitó "en la fe" de sus discípulos, o "en su recuerdo". Es algo que aconteció verdaderamente en el muerto Jesús y no en la mente o en la imaginación. Jesús realmente ha sido liberado de la muerte y ha alcanzado la vida definitiva de Dios.
Significado de la Resurrección
Con la Resurrección de Jesús, Dios afirma cosas muy importantes:
· Dios estaba de parte de Jesús, le da la razón en todo lo que hizo y dijo y se la quita a quienes estaban en su contra.
· Rehabilita su causa y su persona: Jesús es su Hijo, el Cristo, el Mesías esperado.
· Dice a la Iglesia naciente que su misión está fundada no solamente en el hecho histórico, sino en la experiencia pascual, en el encuentro de cada cristiano con Jesús Resucitado.
· Es la anticipación de la meta de la historia; hace surgir una fuerza dinámica e invita a un programa de vida para cada hombre.
· Hay un nuevo horizonte para la vida y nuevo sentido para la muerte. La vida es un camino que se puede andar con esperanza, pues la muerte no es el fin del hombre, sino el medio para volver a su destino final: Dios Padre.
Se buscan testigos del Resucitado
Jesús dijo a Tomas: "Tú crees porque has visto. Felices los que creen sin haber visto" (Jn 20, 29).
Estas palabras de Jesús: "Felices los que creen sin haber visto", se refieren a nosotros, a los cristianos de hoy que seguimos encontrando a Cristo Resucitado, aunque "no lo veamos" con los ojos del cuerpo, los efectos que se producen son exactamente los mismos: somos "felices", porque tenemos la certeza de que creemos en algo real; porque tenemos una esperanza diferente a quienes no creen; porque vamos por la vida luchando por hacer realidad el sueño de Jesús: vivir el Reino de Dios entre los hombres.
Piensa, a quién le debes tu fe: ¿a tus padres?, ¿a un sacerdote?, ¿a un catequista?, ¿a algún amigo?
La fe es un don de Dios que recibimos en el bautismo, pero también es consecuencia del testimonio de alguien que ya se encontró con Jesús Resucitado. Quizá tú has sido la causa de la fe de alguna persona. ¡Felicidades!, esa es la tarea de todos los cristianos.
Pero…. si tú eres alguien que siente que su fe no es firme, es probablemente porque no has hallado a alguien que te de testimonio de su encuentro con Jesús Resucitado, ¿o no lo has querido ver? ¡No te desanimes! Vale la pena que busques entre las personas que conoces; busca a alguien que ya lo haya encontrado, desde luego tienes que entrar en el "ambiente" donde están estas personas: es gente común, pero se distingue en que vive los valores cristianos: la verdad, la justicia, el amor y la paz; seguramente están entre tus compañeros de trabajo o de escuela; quizá entre tus vecinos; ven a Misa los domingos, o acércate a algún grupo parroquial; puedes encontrar aquí a esos testigos de la Resurrección que viven inmersos en el mundo transmitiendo el amor de Jesús de Nazaret.
Cada vez que veas a alguien que vive esos valores del Reino de Dios, es porque es un Testigo del Resucitado; obsérvalo, pregúntale por qué cree y por qué vive de tal manera. Con toda seguridad su testimonio de contagiará y tú también serás un testigo más, ayudando a Jesús a transformar al mundo.
Todo es muestra eficaz de su Amor
La resurrección es el sentido de la cruz, por ella entramos de nuevo en comunión con Dios, la amistad entre Dios y la humanidad, el cumplimiento de la esperanza humana de la trascendencia e inmortalidad.
Dios nos ha perdonado por amor. Pero nos encontramos que aún así la humanidad se resiste al amor de Dios, hay obstáculos en la fe, murallas que nos impiden aceptar esta realidad.
- La primera: «Quiero ser feliz, pero quiero que no me cueste nada». Para ser feliz como quiere Dios tengo que cambiar mi forma de vida, pero no quiero dejar aquéllo que me ata a la felicidad terrena y no me deja elevar a la que es eterna.
- La segunda: «Quiero ser salvado, pero no desde lo profundo». No quiero dejar mi soberbia, mi orgullo, pensándolo mejor así estoy bien.
- La tercera: «Quiero un Dios salvador pero a mi manera». Que no me exija demasiado, que lo haga todo él, para que me esfuerzo, total él es Dios si quiere salvarme él puede sólo.
Si no dejo de lado estas tres actitudes nunca podre profundizar en mi fe, estas posturas son erróneas. En fin, se trata de aceptar a Dios que me ama y me invita a amarle; amor que pasa por la Cruz, al dar la vida por lo que es importante, a renunciar a lo secundario, a dar muerte a mi egoísmo, vanidades y caprichos, que irónicamente ellos son lo que acabaran por matarme para siempre.
Cristo nos llama a seguirlo, a imitarlo, a morir a cada día a esas cosas que nos siguen esclavizando al pecado, Cristo quiere que muramos al pecado y resucitemos en una vida nueva, que sea una pascua como la de Él, pascua significa paso, es decir no seguir en el mismo lado, pasar de la muerte a la vida, de las tinieblas a la luz, esta es nuestra fe, es lo que Dios nos revela por su Hijo.
El Papa Benedicto nos habla al respecto y dice a todos los jóvenes:
“El poder de Cristo muerto y resucitado es el fundamento de nuestra vida, el centro de la fe cristiana. Todas las filosofías que lo ignoran, considerándolo "necedad" (1 Co 1, 23), muestran sus límites ante las grandes preguntas presentes en el corazón del hombre. Por ello, también yo, como Sucesor del apóstol Pedro, deseo confirmaros en la fe (cf. Lc 22, 32). Creemos firmemente que Jesucristo se entregó en la Cruz para ofrecernos su amor; en su pasión, soportó nuestros sufrimientos, cargó con nuestros pecados, nos consiguió el perdón y nos reconcilió con Dios Padre, abriéndonos el camino de la vida eterna. De este modo, hemos sido liberados de lo que más atenaza nuestra vida: la esclavitud del pecado, y podemos amar a todos, incluso a los enemigos, y compartir este amor con los hermanos más pobres y en dificultad.
Queridos amigos, la cruz a menudo nos da miedo, porque parece ser la negación de la vida. En realidad, es lo contrario. Es el "sí" de Dios al hombre, la expresión máxima de su amor y la fuente de donde mana la vida eterna. De hecho, del corazón de Jesús abierto en la cruz ha brotado la vida divina, siempre disponible para quien acepta mirar al Crucificado. Por eso, quiero invitaros a acoger la cruz de Jesús, signo del amor de Dios, como fuente de vida nueva. Sin Cristo, muerto y resucitado, no hay salvación. Sólo Él puede liberar al mundo del mal y hacer crecer el Reino de la justicia, la paz y el amor, al que todos aspiramos” (Mensaje Jornada Mundial de la Juventud 2011).
Situación en que vivimos.
- Organizar pequeños equipos de 6 a 8 integrantes.
- Repartir a cada equipo una cartulina y un marcador.
- Que las cartulinas lleven ya escritas las preguntas.
- Considerar el tiempo prudente para el trabajo y el plenario.
- ¿Crees que hoy en día tiene algún sentido seguir creyendo en Cristo en una sociedad que no quiere creer en un Cristo que sufrió y murió en la cruz, pero que ha resucitado?
- ¿Qué significado puede tener todavía hoy la cruz de Cristo en nuestra sociedad?
- ¿Cuál te parece la actitud más humana ante el sufrimiento y la muerte? ¿Por qué?
- ¿Qué puede significar hoy concretamente para el adolescente o joven: tomar la cruz de Cristo cada día?
Compromiso con la vida.
Sin duda alguna, es necesario que los cristianos, pero de manera especial los jóvenes, busquemos la manera concreta de manifestar nuestra fe en el único Dios verdadero, que vive y me ama con un amor personal. Hemos de testificar que es Él quien da sentido a nuestra existencia y creer en Él sí tiene un sentido, el Sentido que da sentido a todo.
Debes de encontrar la forma de alejar de tu vida esas barreras que te impiden crecer en tu fe. Hemos sido liberados por Cristo de la esclavitud del pecado, es un deber nuestro compartir este amor que ha tenido por nosotros, transmitirlo, probablemente hoy no morirás en la cruz por otro, pero puedes darle un abrazo a tus padres, ser más tolerante con tus amigos, ser honesto, compartir tu pan con el pobre, en fin, existen tantas formas de demostrar tu fe, no es algo abstracta sino concreta, algo que se puede manifestar en tu vida diaria.
- Entregar a cada joven una papeleta en la que pueda responder:
- ¿Qué he de hacer para conocer, fortalecer, enriquecer, purificar mi fe?
- ¿Qué acciones, actitudes, palabras quiero comenzar a adquirir y compartir para demostrar con alegría mi fe?
Celebración.
- Todos de pie, y mirando hacia la cruz.
- Invitar a que en silencio le digamos a Jesucristo, lo que deseamos y queremos comenzar a realizar para que nuestra fe se fortalezca y nuestra fe la manifestemos con valentía. (Hacer una oración desde lo que han escrito en las papeletas).
- Pedirles a los jóvenes que está noche antes de dormir, le deben un beso a la cruz o el crucifijo que tienen en su habitación. Y si no lo tienen, pues sea el motivo para poner en nuestro cuarto un crucifijo, como expresión de fe en Cristo.
- Finalizar con la siguiente oración:
Te damos gracias, Señor, por mostrarnos
que la plenitud de la Verdad la encontramos
en nuestra Fe Católica.
Te damos gracias por las semillas de Verdad
que tu Espíritu Santo esparce donde quiere.
Te pedimos que muchos puedan llegar
a la plenitud de la Verdad
y te damos gracias por la salvación
que Tú nos has regalado
como un don para todos,
porque tu deseo es que todos nos salvemos.
No merecemos tus gracias, Señor,
pero ya que nos las das
sin mérito de nuestra parte,
queremos aprovecharlas
para dar buenos frutos de salvación
para nosotros mismos y para otros.
Que siempre recordemos
que la aceptación
que hacemos de tus gracias
es también gracia tuya,
pues nada podemos sin Tí.
Amén.
TEMA 4
CREER EN JESUCRISTO SIN VERLO
Objetivo.
Que el adolescente y joven renueve su fe en Jesucristo, a quien no ve, pero que siente, escucha y ama de muchas maneras, para que se empeñe en vivir conforme a su fe y sepa dar razones a quienes se lo pidan.
Oración Inicial.
- Prever en un lugar visible una mesa en donde estén dos cirios, una imagen de Cristo resucitado y un arreglo floral.
- Leer, dos veces, de forma pausada, sin prisa la siguiente cita bíblica: Juan 20, 24-29.
- Enseguida recontar juntos lo que hemos escuchado en el evangelio.
- Hacer la siguiente oración.
Señor Jesús:
Sé que tú estás presente en cada momento de mi vida,
aún en contra de lo que mis sentidos me digan,
y de lo que yo pueda creer o de la fe que tenga.
Hoy en este día, logro ver y valorar tu existencia por el hecho de tener la vida,
del anhelo de ser feliz, de la bondad que nace en mi interior,
de tu Palabra que ilumina mis dudas y temores.
Tú dices que no debo preocuparme por qué vestir, qué comer, qué lo que más vale es vivir.
Perdón por ser tan incrédulo y querer siempre tener evidencia de tu existencia, cuando en realidad lo más valioso es sentirte presente en mi corazón y en mi hermano. Presencia que no depende de mí, pues existes y me amas, aunque no creyera en Ti.
¡Señor, aumenta mi fe!
Amén
Motivación.
Hemos iniciado nuestro encuentro escuchando la experiencia de uno de los apóstoles, llamado Tomás. Aunque a Tomás se le anuncia la resurrección de Jesús, se niega a admitirla: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos y meto mi dedo en el lugar de los clavos, y meto mi mano en su costado, no creeré". Ocho días después, Tomás toca con sus propias manos las heridas de Jesús en las manos y en su costado. Jesús le amonesta haber necesitado ver para creer. Muchas veces y de distintas maneras se nos ha anunciado, dicho, explicado, testimoniado sobre Jesucristo, y la pregunta inevitable es: ¿Creo en Jesucristo?
Creer es sencillo y nosotros lo hemos convertido en algo muy complicado. Dios está muy cerca de cada uno de nosotros, y casi siempre lo imaginamos en un mundo extraño y lejano. Queremos comprobar su existencia con argumentos y no saboreamos su presencia dentro de nosotros. Discutimos de religión, pero no escuchamos sus llamadas.
- En pequeños grupos o en diálogo abierto con todos, compartir las siguientes preguntas:
- ¿Es importante creer en Jesucristo? ¿Por qué?
- ¿Cuáles son las principales objeciones, entre los adolescentes/jóvenes, para no creer?
- Tomar nota de todo lo que se comparta, pues retomaremos más adelante las aportaciones compartidas por los jóvenes.
- Mientras se hace la iluminación, un joven del equipo organizador vaya ordenando todas las aportaciones:
- Para algunos adolescentes y jóvenes las razones de su fe en Jesucristo son….
- Para muchos adolescentes y jóvenes las razones de su increencia en Jesucristo son….
Iluminación.
El Papa Benedicto XVI nos dice:
En el Evangelio se nos describe la experiencia de fe del apóstol Tomás cuando acoge el misterio de la cruz y resurrección de Cristo. Tomás, uno de los doce apóstoles, siguió a Jesús, fue testigo directo de sus curaciones y milagros, escuchó sus palabras, vivió el desconcierto ante su muerte. En la tarde de Pascua, el Señor se aparece a los discípulos, pero Tomás no está presente, y cuando le cuentan que Jesús está vivo y se les ha aparecido, dice: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo» (Jn 20, 25).
También nosotros quisiéramos poder ver a Jesús, poder hablar con Él, sentir más intensamente aún su presencia. A muchos se les hace hoy difícil el acceso a Jesús. Muchas de las imágenes que circulan de Jesús, y que se hacen pasar por científicas, le quitan su grandeza y la singularidad de su persona. Por ello, a lo largo de mis años de estudio y meditación, fui madurando la idea de transmitir en un libro algo de mi encuentro personal con Jesús, para ayudar de alguna forma a ver, escuchar y tocar al Señor, en quien Dios nos ha salido al encuentro para darse a conocer. De hecho, Jesús mismo, apareciéndose nuevamente a los discípulos después de ocho días, dice a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino creyente» (Jn 20, 27).
¿Quieres creer?
La fe no es una cosa obligada. El mismo Jesucristo nunca obligó a nadie. El dio testimonio de la Verdad, pero no quiso imponerla por la fuerza. Ahora bien, la fe es una necesidad, pues Dios puso en el ser humano el anhelo por la verdad. Y Dios es la Verdad misma.
Y ¿para qué es la Fe? Veamos... Dios se da a conocer a los seres humanos, nosotros sus criaturas, y nos invita a una comunicación con El. La respuesta adecuada a esa invitación de amistad, de amor, es la Fe. Es así como, por medio de la Fe nosotros reconocemos a Dios que se nos ha revelado. (Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, 142 y 143)
Nunca, en efecto, podrá haber desacuerdo entre la Fe y la razón. Lo verdadero nunca podrá contradecir lo que también es verdadero. De allí que la investigación en cualquier disciplina, si se hace en honestidad, científicamente, nunca podrá estar en contradicción con la Fe, porque las realidades materiales y las de la Fe tienen el mismo origen: Dios. (Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, 159).
¿Cómo funciona la Fe? La Fe es un regalo de Dios y es también un acto humano. Sólo es posible creer por la gracia divina, que se manifiesta sobre todo en las inspiraciones que nos vienen de Dios mismo, del Espíritu Santo. Pero esas inspiraciones tienen que ser secundadas por un acto de cada persona, por medio del cual esa persona decide creer. Es así como, en libertad, el ser humano pone su confianza en Dios y “cree” en las verdades que Él nos ha revelado.
El acto de Fe podría desglosarse en cuatro movimientos:
1) La gracia divina inspira nuestro entendimiento.
2) Nuestro entendimiento reconoce y se adhiere a la Verdad.
3) La gracia divina ilumina nuestra voluntad.
4) Nuestra voluntad decide creer.
Este proceso lo resume magistralmente Santo Tomás de Aquino, diciéndonos que creer es un acto del entendimiento, el cual se adhiere a la verdad divina por medio de una decisión de la voluntad, movida por la gracia de Dios (Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, 155).
La Fe también requiere humildad, la humildad del ciego que le pidió a Jesús: “Que yo vea, Señor” (Mc. 10, 51). La Fe que requiere comprobaciones, es como la de ese otro Tomás, Santo Tomás Apóstol, quien para creer dijo que necesitaría ver y meter sus dedos en las marcas que los clavos habían dejado en las manos de Jesús resucitado, y también tocar la herida de su costado, a lo que el Señor respondió mostrándole y dejándole tocar lo requerido, pero con un fuerte reclamo: “No seas incrédulo, sino hombre de fe... Tú crees porque has visto. Felices los que creen sin haber visto” (Jn 20,27-28).
Sin embargo, muchas verdades de Fe sí son comprobables. Otras, como los misterios, realmente no lo son, porque están muy por encima de nuestra capacidad de razonamiento, pero nunca son contrarias a la razón. Como hemos dicho, son verdades supra-racionales, más no irracionales.
Hurgar en las verdades de la Fe para oponerse a ellas no es bueno, ni conveniente. Es preferible creer sin demasiado razonar, aunque no se nos prohíbe ese ejercicio de nuestro entendimiento. Sin embargo para ese ejercicio intelectual es bueno tener en cuenta un adagio de San Agustín: “creo para comprender y comprendo para creer mejor”.
Sin embargo, viéndolo bien, ¿no creemos nosotros muchas cosas por fe meramente humana y sin necesidad de comprobaciones ni de mucho razonamiento? ¿Qué diríamos de una persona que se negara a creer que tuvo un abuelo o un bisabuelo porque no lo conoció? Si creemos en nuestros antepasados y en muchas otras cosas más que nos son comunicadas por seres humanos que pueden errar, ¿cómo no vamos a creer en las cosas que Dios, que no puede equivocarse, nos ha comunicado a través de su Palabra contenida en la Biblia y a través de su Iglesia, a la cual -por cierto-, para comunicar a la humanidad las verdades de Fe, le dio también el poder de no equivocarse? (Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, 888 - 892)
Hay verdades que son evidentes, hay otras a las que llegamos por razonamientos, hay otras que conocemos por nuestros sentidos, hay otras que nos son comunicadas por seres humanos. Y hay otras, en fin, que nos son comunicadas por Dios y/o por su Iglesia. Estas verdades divinas no son todas tan evidentes y requieren un acto de nuestra voluntad. Es decir que, para creer hay que querer creer. ¿Creemos?
Nuestro querido Benedicto XVI, muchos años antes de ser Papa escribió:
“El creyente sólo puede realizar su fe en el océano de la nada, de la tentación y de lo problemático: el océano de la inseguridad es el único lugar que se le ha asignado para vivir su fe; pero el no-creyente también se encuentra en el mismo océano salado de la duda. El que no cree puede sentirse seguro en su incredulidad, pero siempre le atormenta la sospecha de que “quizá sea verdad”. El “quizá” es siempre una tentación ineludible a la que nadie puede sustraerse.
La fe siempre ha sido, más o menos veladamente, un salto sobre el abismo infinito desde el mundo visible que tanto agobia al hombre. La fe siempre tiene algo de ruptura arriesgada y de salto, porque en todo tiempo implica osadía de ver en lo que no se ve lo auténticamente real, lo auténticamente básico. La fe siempre fue una decisión que afectaba a la profundidad de la existencia, un cambio continuo del ser humano al que sólo se puede llegar mediante una resolución firme.
La fe es como sujetarse a Dios, en quien el hombre tiene un firme apoyo para toda su vida. La fe se describe, pues, como un agarrarse firmemente, como un permanecer en pie confiadamente sobre el suelo de la palabra de Dios. La fe no es creer en algo, sino en alguien, en una persona, en Jesucristo” (Joseph Ratzinger).
Y no podemos olvidar, para concluir, que la Fe es necesaria, es necesaria para nuestra salvación. Jesús mismo lo afirma: “El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea se condenará” (Mc. 16, 16).
Situación en que vivimos.
- Retomar las aportaciones de los adolescentes y jóvenes, haciendo dos columnas, y presentarlas a todos:
- Para algunos adolescentes y jóvenes las razones de su fe en Jesucristo son….
- Para muchos adolescentes y jóvenes las razones de su increencia en Jesucristo son….
- Enseguida invitar a la asamblea (lluvia de ideas) para opinar sobre las consecuencias del creer en Jesucristo y las consecuencias de no creer en Jesucristo.
Nos encontramos ante una juventud que tiene una frágil identidad, en búsqueda de llenar su vacío y soledad, y las opciones que se les muestran no son más que simples oasis que en lugar de sanar sus heridas las acrecientan, una búsqueda constante de ser socialmente aceptados dando seguimiento a modas o grupos sociales emergentes que implican toda su existencia. Una vida superficial, fría, camuflada por “estasis” momentáneos de espejismos que ostentan de ofrecer el sentido y la felicidad. Adolescentes y jóvenes incautos a todo lo que ve, siente, escucha, piensa… pero no crédulos a lo que Jesucristo nos ofrece. ¿A qué se debe que muchos jóvenes crean en los astros, en la santa muerte, en teorías humanas, en extraterrestres, en tantas tonterías; y no en Jesucristo? ¿Dónde están la resistencias, cuáles son las causas?
El Cardenal Giacomo Biff nos responde: “Cuando les informamos, a los jóvenes, que existe un Dios creador que es nuestro Padre; que nuestra existencia es una decisión entre una salvación definitiva y una perdición sin regreso; que la verdad es una sola y es aquélla que se nos ha dado en el Hijo de Dios, no les cuesta mucho en entender lo que les decimos, sino que después se les hace difícil en aceptarlo por las exigencias que implican”.
Si no queremos creer, no creamos, pero al menos debería ser evidente que la fe no puede echar raíces en un individuo para quien la televisión es su profeta, el estadio su templo, el dinero su dios, el sexo su pasatiempo, la opinión pública su única verdad.
Pero también, existe una juventud que lucha por encontrar sentido a su vida, que logra ir en contra de la corriente, con una confianza plena en el Señor de la vida y de la historia; jóvenes auténticos que empeñan su vida a favor de un proyecto que supera toda expectativa y que los hace grandes para la eternidad.
Compromiso.
El Papa Benedicto XVI nos ofrece algunas sugerencias para fortalecer nuestra fe, para pedirla, para acrecentarla:
“Así como Tomás pudo palpar a Jesús Resucitado, también para nosotros es posible tener un contacto sensible con Jesús, meter, por así decir, la mano en las señales de su Pasión, las señales de su amor. En los Sacramentos, Él se nos acerca en modo particular, se nos entrega. Queridos jóvenes, aprended a "ver", a "encontrar" a Jesús en la Eucaristía, donde está presente y cercano hasta entregarse como alimento para nuestro camino; en el Sacramento de la Penitencia, donde el Señor manifiesta su misericordia ofreciéndonos siempre su perdón. Reconoced y servid a Jesús también en los pobres y enfermos, en los hermanos que están en dificultad y necesitan ayuda.
Entablad y cultivad un diálogo personal con Jesucristo, en la fe. Conocedle mediante la lectura de los Evangelios y del Catecismo de la Iglesia Católica; hablad con Él en la oración, confiad en Él. Nunca os traicionará. «La fe es ante todo una adhesión personal del hombre a Dios; es al mismo tiempo e inseparablemente el asentimiento libre a toda la verdad que Dios ha revelado» (Catecismo de la Iglesia Católica, 150). Así podréis adquirir una fe madura, sólida, que no se funda únicamente en un sentimiento religioso o en un vago recuerdo del catecismo de vuestra infancia. Podréis conocer a Dios y vivir auténticamente de Él, como el apóstol Tomás, cuando profesó abiertamente su fe en Jesús: «¡Señor mío y Dios mío!». (Mensaje para el Jornada Mundial de la Juventud 2011).
Como hemos escuchado, su Santidad, nos recomienda:
- La oración.
- Lectura de los Evangelios.
- Estudio del Catecismo de la Iglesia Católica.
Cuáles de estas actividades, deseas comenzar desde hoy. Escribe el modo, el lugar y el tiempo en que lo harás.
Celebración.
- En un ambiente de silencio, que cada adolescente y joven haga una oración personal sobre lo que en esta noche ha descubierto, aprendido, reflexionado: ¡Señor, creo en ti! ¡Aumenta mi fe!
Padre bueno:
Gracias por las personas que me han hablado de ti,
ayúdame a hacer lo mismo con mis amigos y compañeros.
Gracias por participar activamente en nuestra vida,
ayúdame a encontrarte en mi jornada diaria.
Gracias por la oportunidad de escuchar tu palabra,
ayúdame a entender su mensaje y responder a él.
Gracias por despertar en mí el deseo de platicar contigo de mis cosas.
Ayúdame a conversar de todo lo que es importante para ti y para mí.
Gracias por invitarme a orar y reflexionar en comunidad,
ayúdame a aprovechar bien esas oportunidades.
Pero sobre todo gracias por darme la oportunidad de conocerte
y de creer en ti aun sin haberte visto,
ayúdame a descubrir tu presencia en mi corazón
para poder dar mensaje de que existes, dando testimonio de vida.
Amén
TEMA 5
SOSTENIDOS POR LA FE DE LA IGLESIA, PARA SER TESTIGOS
Objetivo.
Que el adolescente y joven reflexione y reconozca en la comunidad cristiana a la única Iglesia fundada por Jesucristo, para que ahí viva la salvación y el llamado que Jesús le hace a participar en su misión.
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Oración Inicial.
- Colocar un Cirio grande y la Biblia al frente.
- Propiciar un ambiente que favorezca a la oración.
- Prever las copias suficientes para los asistentes.
- Hacer la siguiente oración a dos coros.
- Canto: “Alma misionera”.
Guía:
Señor nuestro, que nos has reunido como familia durante estos días de encuentro, te damos gracias por la inmensa confianza que nos manifiestas al escogernos para ser tus discípulos y misioneros. Sácanos de nuestras comodidades y de nuestra pasividad ante la gran tarea que nos pides realizar.
Que el eco de tu palabra: ¡”Vengan”! !”Vayan”! Despierte nuestras mejores energías para que, en comunión contigo y con la iglesia, nos pongamos al servicio del anuncio del evangelio y de los signos transformadores del reino, a lo largo y ancho de nuestros ambientes, y más aún, del mundo entero. Que tu Santo Espíritu ilumine nuestra mente, mueva nuestro corazón y guíe nuestros pasos. Amén.
A dos coros:
1.- Soy joven, Señor, y quiero vivir con fuerza y alegría.
Soy joven y quiero conocerme y llegar hasta el fondo.
2.- Soy joven y la verdad, a veces, Señor, no sé lo que es vivir.
Soy joven y busco caminos, aunque no he encontrado el sendero cierto
1.- Quiero vivir y buscar mi libertad en lo que hago.
Quiero sentir y aprobar hasta lo más profundo lo que es la vida.
2.- Quiero tocar, palpar, hacer mío lo que encuentre en mi camino.
Quiero, Señor, dar sentido a esta vida que tengo.
1.- Hay cosas, Señor, que no vale la pena volver de nuevo a ellas.
Hay cosas que, al tocarlas se marchitan entre las manos.
Hay sabores que son agradables sólo por un momento.
2.- Hay colores que atraen y ciegan como la luz a la mariposa.
Hay experiencias que, al final me dejan solamente con la sensación.
Hay momentos fuertes que me dejan vacío, desilusionado y roto.
1.- Yo quiero vivir y no morir. Yo quiero vida y no muerte.
Yo quiero encontrarme con la felicidad y no consigo saber dónde está.
Yo quiero sentirme sereno, tranquilo, bien, pero no sé cómo lograrlo.
2.- Aquí me tienes en busca de razones que den sentido a mi vida.
Aquí me tienes, llamando de puerta en puerta, sin encontrar respuesta.
Busco y no encuentro, mi corazón me pregunta: ¿Sabes el camino?
1.- Tú amas la vida, Señor, Jesús, y quieres al joven en pie, firme.
Amas la vida y resucitando has roto las ataduras de la muerte.
Tú, tienes palabras de vida eterna para el corazón del hombre y la mujer.
2.- Señor de la Vida, quiero vivir desde el centro de mi ser.
Señor de la vida, quiero escucharte y seguirte muy de cerca.
Todos: Señor de la Vida, quiero enraizar mi vida en Ti, que eres Amor.
Señor de la Vida, anhelo con todo mi corazón permanecer junto a Ti.
Motivación.
A lo largo de esta semana hemos reflexionado y renovado nuestra fe en Jesucristo, con la convicción de que sólo en Él, la vida alcanza su plenitud. Pero, nos dice el Papa Benedicto: “la elección de creer, en Cristo y de seguirle no es fácil. Se ve obstaculizada por nuestras infidelidades personales y por muchas voces que nos sugieren vías más fáciles. No os desaniméis, buscad más bien el apoyo de la comunidad cristiana, el apoyo de la Iglesia”.
- Abrir el diálogo:
- ¿Cuáles son los grandes obstáculos o dificultades para vivir la fe cristiana, hoy?
- ¿Qué es la Iglesia?
- ¿Para qué sirve la Iglesia, cuál es su primordial tarea?
- ¿Los jóvenes se sienten parte de la Iglesia?
- ¿Cómo nos ayuda la Iglesia a perseverar en la fe?
De ello hablaremos esta noche.
También el Santo Padre, ya al final del mensaje que nos ha dirigido con motivo de esta Jornada Mundial de la Juventud nos dice: “Si creéis, si sabéis vivir y dar cada día testimonio de vuestra fe, seréis un instrumento que ayudará a otros jóvenes como vosotros a encontrar el sentido y la alegría de la vida, que nace del encuentro con Cristo”.
Es una clara invitación a ser testigos de Jesucristo en medio del mundo, a no tener miedo y empeñar nuestra vida joven para que otros jóvenes, den sentido a su vida.
Iluminación.
La Iglesia de Jesucristo
La Iglesia está fundada y existe, por la voluntad positiva de Jesús. El punto de partida fue la elección de los Doce, con Pedro a la cabeza (Cfr. Mc 3,14-15). Cristo resucitado envía a sus Apóstoles con la fuerza del Espíritu a continuar su misión (Cfr. Jn 20,21-23), de la cual recibieron la definitiva y plena configuración el día de Pentecostés (Cfr. Hech 2,1-26).
Lo nuclear en la misión de Jesús es el anuncio del Reino como manifestación plena, gratuita y definitiva de Dios en la historia, que se consumará en la plenitud escatológica. La muerte y la resurrección de Jesucristo manifiestan el carácter decisivo de la acción salvífica de Dios, que va más allá de los límites históricos y da al acontecimiento de Jesús de Nazaret un carácter definitivo y universal (Cfr. Mt 18,15.20). Si para Jesús esa misma finalidad específica de su misión fue anunciar e instaurar el Reino de Dios, esa misma finalidad es transmitida a la Iglesia. La Iglesia es fundada por Jesucristo para asumir y continuar esta tarea. Por eso toda acción pastoral de la Iglesia consiste fundamental y esencialmente en evangelizar (Cfr. EN 14).
Por lo tanto, la Iglesia no existe para sí misma, sino al servicio de un proyecto divino que supera con mucho los límites de la realidad y de la acción eclesial: el proyecto es el Reino de Dios. Es un plan grandioso de Dios sobre la humanidad, que, en Cristo y por medio del Espíritu Santo, se realiza en la historia. Pero la Iglesia no se identifica con el Reino de Dios, sino que “constituye en la tierra el germen y el principio de este Reino” (Cfr. LG 48; DP 226). Ella es “sacramento o signo de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo género humano” (LG 1).
El dinamismo esencial de la Iglesia es, al mismo tiempo, convocación y misión, para el desenvolvimiento de su mediación salvadora. Ella es convocación, es decir “ekklesía” (reunión de convocados), asamblea, vocación (llamada), pueblo de adquisición; en función de una misión, envió, apostolado. Convocación y misión son dos polos de un continuo dinamismo –a modo de sístole y diástole- que hace que la Iglesia se recoja para difundirse, se reúna para sentirse continuamente lanzada al mundo.
Tarea primordial de la Iglesia: Reino de Dios
El contenido fundamental de la Iglesia – el servicio del Reino- no se reduce a colaborar con los hombres de buena voluntad en el esfuerzo de transformar la humanidad. Ella se siente depositaría del “misterio” revelado por Dios en Cristo y tiene la misión específica de iluminar, guiar, fecundar y estimular la historia de los hombres para que pueda llegar a ser de manera formal y consciente la realización del Reino de Dios. El ideal del Reino, del que la Iglesia constituye el germen y el anuncio, se hace visible en el mundo por medio de cuatro formas fundamentales de presencia eclesial:
1.- Servicio: como Reino realizado en el amor y en el servicio fraterno. Lo que la iglesia hace. La Iglesia está llamada a testimoniar un nuevo modo de amar, una tal capacidad de entrega y compromiso por los demás que haga creíble el anuncio evangélico del Dios del amor. Aparece como el más decisivo e importante (Cfr. Mt 25,35-46). Es el servicio para el hombre en todas sus necesidades y el compromiso por el bien común de la sociedad, para que resplandezca en cada hermano el rostro de Cristo (Cfr. EA 5).
2.- Comunión: Como Reino vivido en la fraternidad y en la comunión. Lo que la Iglesia es. Debe manifestar un nuevo modo de convivir y de compartir, anuncio de posibilidad de vivir como hermanos reconciliados y unidos. Llamados a testimoniar la utopía del reino de la fraternidad y de la paz, ofreciendo espacios de libertad y de comprensión, de amor sincero y de respeto de los derechos de todos (Cfr. Jn 17, 21).
3.- Profecía: Como Reino proclamado y testimoniado en el anuncio confesante y liberador del Evangelio. Lo que la Iglesia dice. Los cristianos son llamados a ser en el mundo portadores de esperanza a través del anuncio de Jesús de Nazaret, que revela el amor del Padre inaugura y garantiza la realización del Reino (Cfr. Mt 28,19-20). Bajo la potestad del Espíritu Santo se hace portadora del anuncio de la plena libertad y del Reino de justicia prometido por Dios, y la denuncia profética de cualquier situación real de opresión del hombre. Este signo se realiza a través de dos procesos complementarios: el testimonio de vida y el anuncio explícito del Evangelio (Cfr. EN 22).
4.- Liturgia: Como Reino celebrado en los ritos festivos y liberadores de la liturgia. Lo que la Iglesia celebra. En la Eucaristía, en los sacramentos, en la religiosidad popular, en las oraciones, fiestas y conmemoraciones, los cristianos deben testimoniar y celebrar, con alegría y agradecimiento, la plenitud liberadora del anuncio se nos ha dado en Cristo (Cfr. Jn 4, 23-24).
De este modo la iglesia se presenta en el mundo como lugar por excelencia de servicio, de la fraternidad, del testimonio, de la fiesta, en correspondencia con cuatro categorías antropológicas de base: la acción, la relación, el pensamiento y la celebración. El cuádruplo consta ya de algún modo en sumario de Lucas sobre la comunidad primitiva (Cfr. Hech 2,42-47).
Nos dice el Santo Padre Benedicto XVI: “Nuestra fe personal en Cristo, nacida del diálogo con Él, está vinculada a la fe de la Iglesia: no somos creyentes aislados, sino que, mediante el Bautismo, somos miembros de esta gran familia, y es la fe profesada por la Iglesia la que asegura nuestra fe personal. El Credo que proclamamos cada domingo en la Eucaristía nos protege precisamente del peligro de creer en un Dios que no es el que Jesús nos ha revelado: «Cada creyente es como un eslabón en la gran cadena de los creyentes. Yo no puedo creer sin ser sostenido por la fe de los otros, y por mi fe yo contribuyo a sostener la fe de los otros» (Catecismo de la Iglesia Católica, 166). Agradezcamos siempre al Señor el don de la Iglesia; ella nos hace progresar con seguridad en la fe, que nos da la verdadera vida (cf. Jn 20, 31)”.
A la escucha del Maestro: ser discípulos de Jesús
El descubrimiento de la realidad de Jesús es la meta de toda búsqueda. San Juan en las primeras páginas del Evangelio (Cfr. Jn 1,35-42) escrito por él, nos narra la llamada de los primeros discípulos.
“¿Qué buscan?” Pregunta fundamental de Jesús para el cristiano, para todo joven; con una clara y tajante respuesta de su parte: “¡Vengan y lo verán!”.
El primer paso para cualquier discípulo de Jesús es conocer bien que busca y estar decidido y abierto a vivir lo que encuentre. Seguir a Jesús “a donde quiera que vaya” (Ap 14,4b). Sólo así el cristiano no pondrá perderse ni desviarse, pues sabrá bien a donde ir y aquello de lo que debe hablar. La seguridad la da el mismo Jesús que llama, acompaña, enseña, instruye y envía.
No podemos ser discípulos si no estamos con el Señor, y no podemos ser misioneros si no somos enviados por él. Es necesario tener la experiencia del discípulo, quien se pone en una actitud de escucha y de disponibilidad ante cualquier requerimiento que el Señor pudiese hacerle. El Señor llamo a los que él quiso para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar (Cfr. Mc 3,13-14). Toda experiencia religiosa suscita un deseo de Dios que corre el riesgo de desaparecer, si no existe cercanía con Aquel que la ha suscitado, si no se permanece a los pies del Maestro (comunión con Él) su seguimiento será sólo un deseo, un sueño, una ilusión.
Somos discípulos de discípulos de Jesucristo cuando nuestra vida, nuestras palabras, nuestro testimonio y nuestra misión se realizan verdaderamente por Él, con Él y en Él, que es nuestro camino, nuestra Verdad y nuestra Vida (Cfr. Jn 14,6).
Todo joven creyente que ha respondido con generosidad a su llamamiento, aceptando compartir su vida y su doctrina es considerado discípulo de Jesús (Cfr. Hech 6,1;9,1).
Discípulo es quien se adhiere de corazón al mensaje de su Maestro y a su testimonio, e incorpora ese mensaje a su proyecto de vida. El discípulo se encuentra con el Maestro Jesucristo, escucha su Palabra con corazón abierto y agradecido, se deja encontrar por Él Maestro, se adhiere al Maestro, cree en Él, se deja transformar por Él, y de ahí en adelante lo sigue hasta las últimas consecuencias tomando sobre sí la cruz.
El discípulo de Cristo es alguien que ha recibido al Señor lleno de asombro y estupor. Como en Belén lo recibieron María, José, los pastores, los Magos… No es el discípulo quien escoge al Maestro. Siempre ha sido Jesús el que ha llamado al discípulo y lo ha invitado a seguirlo (Cfr. Mc. 3, 13-19). En efecto, Jesucristo es el que elige y llama. Es una llamada personal, llama por su nombre al discípulo (Cfr. Jn, 10,4). El discípulo experimenta que la elección manifiesta gratuitamente el amor de predilección de Dios: “él nos amó primero”(1Jn 4, 19). Esta elección amorosa da fuerzas al discípulo para que pueda seguir a Cristo, conformar su vida con Él y ponerse a su servicio para la misión.
La elección y llamada de Cristo pide oídos de discípulo (Cfr. Is 50,4), es decir, oídos atentos para escuchar y prontos para obedecer. Hoy, en una sociedad tan ruidosa, se está perdiendo la capacidad de escucha y de obediencia. El llamado de Cristo es una invitación a centrar toda nuestra atención en Él, y a pedirle de corazón, como el joven Samuel: “Habla, Señor, que tu siervo escucha”(1Sam 3,10), para percibir en lo profundo de nuestros corazones la llamada que nos invita a seguirlo muy de cerca.
A la elección y llamada de Jesucristo el discípulo responde con toda su vida. Se trata de una respuesta de amor a una llamada de amor. A la elección amorosa de Jesús, el discípulo responde, por gracia de Dios, con fidelidad hasta la cruz y el testimonio de resurrección, al grado de estar dispuesto a dar la vida por los demás. Jesús llama a sus discípulos en grupo, y el grupo es el lugar privilegiado de los discípulos, “Llamó a doce”. El llamado y el amor de Jesucristo por sus discípulos, crea entre ellos la comunión fraterna, una comunidad unida en Cristo. “Te pido que todos sean uno lo mismo que lo somos tú y yo, Padre” (Jn 17,21), “Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy en medio de ellos” (Mt 18,10). Estas palabras son nuestra fuerza, nosotros nos reunimos en su nombre. Somos comunidad, porque no ha llamado Él. Nadie vino por su cuenta y nadie se salva solo.
Nos señala su Santidad Benedicto: “Cristo no es un bien sólo para nosotros mismos, sino que es el bien más precioso que tenemos que compartir con los demás. En la era de la globalización, sed testigos de la esperanza cristiana en el mundo entero: son muchos los que desean recibir esta esperanza. Ante la tumba del amigo Lázaro, muerto desde hacía cuatro días, Jesús, antes de volver a llamarlo a la vida, le dice a su hermana Marta: «Si crees, verás la gloria de Dios» (Jn 11, 40). También vosotros, si creéis, si sabéis vivir y dar cada día testimonio de vuestra fe, seréis un instrumento que ayudará a otros jóvenes como vosotros a encontrar el sentido y la alegría de la vida, que nace del encuentro con Cristo” (Mensaje Jornada Mundial Juventud 2011).
Situación en que vivimos.
Estamos viviendo en una época donde se ha perdido el verdadero sentido de Iglesia, en especial dentro de un grupo muy importante de nuestra sociedad, “los jóvenes y adolescentes”.
Muchos de ellos ven sólo los errores históricos de la Iglesia y de los hombres de Iglesia y optan por criticarla. Terminan por tener una visión puramente humana de ella como si fuera una invención humana y se olvidan de que también es una institución divina que requiere mirarse con fe.
- Abrir un dialogo con los adolescentes y jóvenes:
- ¿Has escuchado alguna persona que dijo Jesús sí, Iglesia no? ¿Qué le responderías?
- ¿Por qué Jesús quiso dejar la Iglesia en manos de los apóstoles?
- ¿Por qué se le ataca siempre a la Iglesia, y hoy no es la excepción?
- ¿Qué has recibido de la Iglesia?
- ¿Qué puedes hacer por la Iglesia?
La Iglesia proclama con fuerza y con gozo que Jesucristo ha venido para salvarnos del error y del pecado y a abrirnos la puerta de la felicidad. Él es el camino y la verdad. En Él Dios nos revela su rostro y revela a la humanidad lo humano en plenitud. Por eso nos urge permanecer a los pies del Maestro para después anunciar su Evangelio, como mensaje de esperanza, como la Buena Noticia de salvación.
También existen, y son más de los que creemos, los hombres y mujeres que han sabido escuchar y tener a Jesucristo como su Señor y Salvador, que reciben, abrazan, aman, anuncian, celebran y siguen en la comunidad eclesial. Nos dice el Papa Benedicto: “En la historia de la Iglesia, los santos y mártires han sacado de la cruz gloriosa la fuerza para ser fieles a Dios hasta la entrega de sí mismos; en la fe han encontrado la fuerza para vencer las propias debilidades y superar toda adversidad. De hecho, como dice el apóstol Juan: «¿quién es el que vence al mundo sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?» (1 Jn 5, 5). La victoria que nace de la fe es la del amor. Cuántos cristianos han sido y son un testimonio vivo de la fuerza de la fe que se expresa en la caridad. Han sido artífices de paz, promotores de justicia, animadores de un mundo más humano, un mundo según Dios; se han comprometido en diferentes ámbitos de la vida social, con competencia y profesionalidad, contribuyendo eficazmente al bien de todos. La caridad que brota de la fe les ha llevado a dar un testimonio muy concreto, con la palabra y las obras” (Mensaje Jornada Mundial Juventud 2011).
Compromiso.
- Hacer una propuesta clara, seria y convincente, para iniciar o fortalecer grupos juveniles parroquiales. Indicando el día, la hora y el lugar del próximo encuentro.
Ser discípulos como adolescentes y jóvenes laicos en la comunidad no nace de la insuficiencia de sacerdotes; mucho menos con el fin de ayudarles o suplirlos en algunas tareas. Los laicos trabajan por su derecho y obligación propios, recibidos en el sacramento del Bautismo y la Confirmación. Todos los laicos, cualquiera que sea su condición, tienen la responsabilidad de trabajar en la viña del Señor (Cfr. Mt 21,1-2). Esto no quiere decir necesariamente que sea una obligación estar asociado a otros ni pertenecer a un grupo apostólico. Lo importante es que descubramos lo que Dios nos pide hacer en la Iglesia y que nos comprometamos en la tarea de favorecer la vida y el crecimiento de la comunidad cristiana. Los adolescentes y jóvenes deben encontrar en su propia comunidad parroquial un espacio apto para su trabajo eclesial, ya sea proyectándose en las tareas propias de la pastoral profética, pastoral litúrgica o pastoral social. La parroquia conduce a todos los bautizados miembros de esa comunidad en tres tareas fundamentales:
- Vivir el misterio: en la escucha de la Palabra de Dios, en la oración común y la comunidad como pueblo de Dios, cuerpo de Cristo y templo del Espíritu Santo.
- Vivir la fraternidad: en una sociedad donde las relaciones son, con frecuencia, utilitaristas, interesadas e incluso opresoras, la parroquia ha de favorecer el encuentro en la libertad, respeto, generosidad y aprecio mutuo; acoger y educar la diversidad humana y religiosa; promover el encuentro, la convivencia y la solidaridad.
- Trabar en corresponsabilidad: reconocer la responsabilidad, a la vez común y diferenciada favoreciendo la participación de todos, trabajar en común; formar y capacitar agentes para los distintos servicios. Contribuir para que la parroquia sea lo que debe ser.
Cabe señalar que los bautizados no solamente trabajamos en la Iglesia. Tenemos también nuestras responsabilidades con el mundo: “Su tarea es construir cada día el Reino de Dios, ordenando y administrando las realidades temporales, a fin de que todas se encaminen según el deseo de Dios” (CFL 14). Por lo tanto, los jóvenes cumplen su vocación y misión cristiana en la familia, en la escuela, en la fábrica, en la política, en el barrio, etc. Ahí deben hacer presente a Cristo con su manera de pensar y de actuar, contribuyendo para que el mundo adquiera progresivamente el “sabor del Evangelio”.
Celebración.
- Entregar una pequeña vela a cada adolescente y joven.
- Algunos adolescentes y jóvenes encienden su vela del Cirio y pasan la luz a los demás. Tomar luz del Cirio, que simboliza a Cristo, cabeza de la Iglesia y que todos participamos de su luz desde nuestro bautismo y estamos llamados a llevar su Palabra a todos los rincones del planeta.
- Se lee pausadamente la cita bíblica de Mateo 28,16-20.
- El Papa nos dice: “Queridos jóvenes, la Iglesia cuenta con vosotros. Necesita vuestra fe viva, vuestra caridad creativa y el dinamismo de vuestra esperanza. Vuestra presencia renueva la Iglesia, la rejuvenece y le da un nuevo impulso. No os desaniméis, buscad más bien el apoyo de la comunidad cristiana, el apoyo de la Iglesia” (Mensaje Jornada Mundial Juventud 2011).
- Después de un momento de silencio se dice la siguiente oración, a dos coros:
(Hombres)
A tu disposición, Señor Jesús,
me pongo a tu disposición, para el servicio de tu reino,
para el trabajo que creas conveniente, para empezar y volver a empezar
cuantas veces sea necesario.
(Mujeres)
Jesús, quiero contar contigo como un aliado seguro
que me defienda y me guíe.
Sin imponerme qué hacer; Invitándome a colaborar en libertad
como es propio de tu amor.
(Todo juntos)
Señor Jesús, deseo servirte con lo que tengo y con lo que soy,
aunque sea débil y te falle, cuenta conmigo de nuevo,
porque, para mí, poder servirte es un premio es una bendición.
Por eso hoy me pongo a tu disposición. AMÉN.
(Guía)
Nosotros los adolescentes y jóvenes tenemos el compromiso de proclamar que Cristo ha transformado nuestras vidas y al igual que San Pablo queremos gritar que Cristo ha resucitado y nos ofrece una vida nueva: “Porque anunciar el evangelio no es para mí un motivo de gloria; es una obligación que tengo, ¡y pobre de mí si no anunciará el evangelio! Merecería recompensa si hiciera esto por propia iniciativa, pero si cumplo con una misión que otro me ha confiado ¿dónde está mi recompensa? Está en que, anunciando el evangelio, lo hago gratuitamente, no haciendo valer mis derechos por la evangelización” (1Cor. 9,16-18).
Como decía el Beato Juan Pablo II: “Ya no es tiempo para vivir avergonzados del evangelio”.
“Adolescente y joven es tu tiempo: ¡Vive y testifica tu fe!”
- Finalizar con un canto misionero o de envío.
ANEXOS:
ANEXO 1: HORA SANTA JUVENIL
¡Jóvenes, firmes en la fe para dar gloria a Dios¡
Indicaciones:
- Colocando en un lugar visible un letrero de gran tamaño con la frase “Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe” acompañando de un dibujo que represente un árbol, una casa y una biblia.
- Al lugar donde se colocará la custodia con el Santísimo Sacramento, darle un arreglo digno. Utilizar manteles, flores, velas, etc.
- Tener copias fotostáticas para todos los asistentes con los momentos de oración, de reflexión y de los cantos.
- Contar con un coro que acompañe los cantos, o prever los cantos en CD.
- Prever plumas o lápices.
*Exposición del Santísimo. (De rodillas)
*Canto
Cantemos al amor de los amores
Cantemos al Señor, Dios esta aquí
Venid adoradores adoremos, a Cristo redentor Gloria a Cristo Jesús,
cielos y tierras bendecid al Señor, Honor y Gloria a ti, Rey de la gloria,
amor por siempre a ti, Dios del amor.
*Estación menor
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
En los cielos y en la tierra sea para siempre alabado el corazón amoroso de Jesús Sacramentado.
*Oración
- Ofrecer la hora santa por todos los jóvenes del mundo y en especial por quienes asistirán a la Jornada en Madrid.
- Entregar a cada jóvenes un papeleta en la cual mencionan por quien ofrecerán este momento de adoración.
Guía. Amigo Jesús, hoy nos reunimos junto a ti en el margen de la Jornada Mundial de la Juventud, porque queremos estar íntimamente contigo, por medio del Espíritu Santo que nos conduce a tu presencia.
Todos. Somos jóvenes sedientos de tu amor, necesitamos de ti para ser mejores, porque solo Tú puedes llenar ese vacío que sentimos y que muchas veces tratamos de llenar con cosas externas.
Guía: Jesús mostró a Dios como un Padre misericordioso y lleno de ternura, que no duda en salir a recibir con afecto y cariño al hijo que regresa a casa tras haberse alejado de su amor y haber malgastado su herencia, no pregunta por qué se fue, qué hizo, ni dónde estuvo: lo acoge, lo perdona y lo restituye en su lugar en su dignidad de hijo (Lc 15,11-32). Él mismo perdonó a quienes se arrepintieron, prometieron cambiar de vida y reafirmaron su compromiso de seguirle: Zaqueo, la Magdalena, el paralítico, Pedro, y en la hora de su muerte, al ladrón arrepentido y a sus mismos ejecutores.
A cada invocación respondemos todos: “Señor, ten piedad de nosotros”.
- Tú que por tu muerte, nos reconciliaste con el Padre y nos salvaste.
- Señor, quieres la vida de todos, y que viniste al mundo para que los hombres tengan la vida y la tengan en abundancia.
- Jesús único camino que todos recorren para llegar al Padre.
- Tú que te entregaste por nuestros pecados, para librarnos de la maldad de este mundo.
- Tú que viniste a este mundo para salvar a los pecadores.
- Tú que te has ofrecido en sacrificio para quitar los pecados de todos.
- Tú que has muerto para buscar y salvar lo que se había perdido
- Tú que fuiste enviado por el Padre, no para juzgar al mundo sino para salvarlo.
- Tú que tienes poder en la tierra para perdonar los pecados.
*Canto
Bendito (3) sea Dios, los Ángeles cantan y alaban a Dios (2)
Yo creo Jesús mío que estás en el altar,
oculto en la hostia te vengo a adorar (2)
Grandioso intercambio oh Padre haces tú,
pues pan te ofrecimos y ahora ya es Jesús (2)
Nosotros te dimos el vino de una vid,
de Cristo es la sangre al irlo a recibir (2)
*Guía:
(Del mensaje del Papa Benedicto XVI para la JMJ 2011). Sentados
- Compartir esta lectura con los adolescentes y jóvenes, sencilla y sin prisas.
Queridos jóvenes:
En cada época, también en nuestros días, numerosos adolescentes y jóvenes sienten el profundo deseo de que las relaciones interpersonales se vivan en la verdad y la solidaridad. Muchos manifiestan la aspiración de construir relaciones auténticas de amistad, de conocer el verdadero amor, de fundar una familia unida, de adquirir una estabilidad personal y una seguridad real, que puedan garantizar un futuro sereno y feliz.
Desear algo más que la cotidianidad regular de un empleo seguro y sentir el anhelo de lo que es realmente grande forma parte del ser joven. ¿Se trata sólo de un sueño vacío que se desvanece cuando uno se hace adulto? No, el hombre en verdad está creado para lo que es grande, para el infinito. Cualquier otra cosa es insuficiente.
Dios es vida, y cada criatura tiende a la vida; en un modo único y especial, la persona humana, hecha a imagen de Dios, aspira al amor, a la alegría y a la paz. Entonces comprendemos que es un contrasentido pretender eliminar a Dios para que el hombre viva. Dios es la fuente de la vida; eliminarlo equivale a separarse de esta fuente e, inevitablemente, privarse de la plenitud y la alegría: «sin el Creador la criatura se diluye» (Con. Ecum. Vaticano. II, Const. Gaudium et Spes, 36).
Por este motivo, queridos amigos, os invito a intensificar vuestro camino de fe en Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo. Vosotros sois el futuro de la sociedad y de la Iglesia. Como escribía el apóstol Pablo a los cristianos de la ciudad de Colosas, es vital tener raíces y bases sólidas.
El relativismo que se ha difundido, y para el que todo da lo mismo y no existe ninguna verdad, ni un punto de referencia absoluto, no genera verdadera libertad, sino inestabilidad, desconcierto y un conformismo con las modas del momento. Vosotros, jóvenes, tenéis el derecho de recibir de las generaciones que os preceden puntos firmes para hacer vuestras opciones y construir vuestra vida, del mismo modo que una planta pequeña necesita un apoyo sólido hasta que crezcan sus raíces, para convertirse en un árbol robusto, capaz de dar fruto.
*Lectura Personal…
- Leer la siguiente cita bíblica en dos ocasiones y entregar a cada adolescente y joven una copia fotostática indicando reflexionar sobre la siguiente pregunta: ¿Quién o quienes nos seducen en la actualidad, impidiéndonos ver a Cristo?
- Dejar algunos minutos para la reflexión personal
Colosenses 2,6-10
“Así pues, ya que han aceptado a Cristo Jesús, el Señor, vivan como cristianos, enraizados y edificados sobre él, firmes en la fe, como se les ha enseñado, y permanentemente den gracias. Estén atentos, no sea que alguien los seduzca por medio de filosofías o de estériles especulaciones fundadas en tradiciones humanas o en poderes cósmicos, pero no en Cristo. Porque es en Cristo hecho hombre en quien habita la plenitud de la divinidad, y en él, que es la cabeza de todo dominio y potestad, ustedes han obtenido la plenitud”
Exclamación a dos coros
Ellos: Soy único, distinto, insustituible,
soy valioso, no por ser más que...
sino por ser único.
Ellas: Soy valioso, no por ser perfecto,
sino por ser persona, obra de Dios,
creado a su imagen y semejanza,
salido de su mismo Ser,
desborde de su Amor;
y como participo de su Naturaleza Divina,
poseo de su inteligencia, de su creatividad,
de su eternidad, de su voluntad libre
y de muchas otras capacidades.
Ellos: Soy valioso, no por lo que tengo,
sino por ser hijo soñado de un Padre
Dios todopoderoso, infinito,
misericordioso, amoroso,
pues me ama con amor eterno,
gratuito, generoso, inagotable, incondicional.
¡Cuántas ilusiones tiene Él para mí!
Ellas: Soy valioso, no por mis conocimientos,
sino por ser persona;
soy sagrario vivo, casa de Dios,
en mí habita Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Todos: A nadie tengo que parecerme,
a nadie tengo que superar,
respecto a nadie soy superior o inferior.
Otros pueden hacer,
decir lo que quieran,
no me quitan mi valor como persona,
como joven y tampoco me quitan mi paz.
*Canto
Tú eres mi descanso
(Salmo 61) (Glenda)
Dios, tú eres mi descanso,
mi único y auténtico descanso.
quiero aprender a descansar en ti (2).
Dios tú eres mi descanso,
mi único refugio mi única salvación.
Aunque quieran derribarme,
aunque por fuera me halaguen
y por dentro me critiquen,
Tú eres mi fortaleza.
Contigo no vacilaré,
no caeré, porque tú eres mi refugio,
solo tú mi seguridad.
Dios tú eres mi descanso, mi único
y auténtico descanso.
Descansa alma mía, descansa
solo en Dios, descansa tu prisa.
Yo confío siempre en ti.
Contigo desahogo mi corazón,
solo en ti descansa mi mente,
solo de ti viene mi salvación.
Aunque crezcan mucho mis riquezas
no les daré mi corazón
porque solo tú eres mi Dios,
solo tú, mi seguridad.
Dios, tú eres mi descanso,
mi único y auténtico descanso.
Guía:
- Compartir esta lectura con los adolescentes y jóvenes, sencilla y sin prisas.
Para poner de relieve la importancia de la fe en la vida de los creyentes, quisiera detenerme en tres términos que san Pablo utiliza, podemos distinguir tres imágenes: "arraigado" evoca el árbol y las raíces que lo alimentan; "edificado" se refiere a la construcción; "firme" alude al crecimiento de la fuerza física o moral. Se trata de imágenes muy elocuentes.
La primera imagen es la del árbol, firmemente plantado en el suelo por medio de las raíces, que le dan estabilidad y alimento. Sin las raíces, sería llevado por el viento, y moriría. ¿Cuáles son nuestras raíces? Naturalmente, los padres, la familia y la cultura de nuestro país son un componente muy importante de nuestra identidad.
Como las raíces del árbol lo mantienen plantado firmemente en la tierra, así los cimientos dan a la casa una estabilidad perdurable. Mediante la fe, estamos arraigados en Cristo (cf. Col 2, 7), así como una casa está construida sobre los cimientos. Y recurriendo a la imagen de la construcción de la casa, Cristo nos dice: «El que se acerca a mí, escucha mis palabras y las pone por obra se parece a uno que edificaba una casa: cavó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo tambalearla, porque estaba sólidamente construida» (Lc 6, 47-48).
Queridos amigos, construid vuestra casa sobre roca, como el hombre que "cavó y ahondó". Intentad también vosotros acoger cada día la Palabra de Cristo. Escuchadle como al verdadero Amigo con quien compartir el camino de vuestra vida. Con Él a vuestro lado seréis capaces de afrontar con valentía y esperanza las dificultades, los problemas, también las desilusiones y los fracasos. Continuamente se os presentarán propuestas más fáciles, pero vosotros mismos os daréis cuenta de que se revelan como engañosas, no dan serenidad ni alegría. Sólo la Palabra de Dios nos muestra la auténtica senda, sólo la fe que nos ha sido transmitida es la luz que ilumina el camino.
Hay cristianos que se dejan seducir por el modo de pensar laicista, o son atraídos por corrientes religiosas que les alejan de la fe en Jesucristo. Otros, sin dejarse seducir por ellas, sencillamente han dejado que se enfriara su fe, con las inevitables consecuencias negativas en el plano moral.
Queridos amigos, la cruz a menudo nos da miedo, porque parece ser la negación de la vida. En realidad, es lo contrario. Es el "sí" de Dios al hombre, la expresión máxima de su amor y la fuente de donde mana la vida eterna. De hecho, del corazón de Jesús abierto en la cruz ha brotado la vida divina, siempre disponible para quien acepta mirar al Crucificado. Por eso, quiero invitaros a acoger la cruz de Jesús, signo del amor de Dios, como fuente de vida nueva. Sin Cristo, muerto y resucitado, no hay salvación. Sólo Él puede liberar al mundo del mal y hacer crecer el Reino de la justicia, la paz y el amor, al que todos aspiramos.
- Dejar algunos minutos para la reflexión personal.
- Proclamar a dos coros el himno cristológico de la Carta a los Efesios.
Coro 1: Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que desde lo alto del cielo nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bienes espirituales.
Coro 2: Él nos eligió en Cristo antes de la creación del mundo, para que fuéramos su pueblo y nos mantuviéramos sin mancha en su presencia.
Coro 1: Movido por su amor, él nos destinó de antemano, por decisión gratuita de su voluntad, a ser adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo,
Coro 2: y ser así un himno de alabanza a la gloriosa gracia que derramó sobre nosotros, por medio de su Hijo querido.
Coro 1:Con su muerte, el Hijo nos ha obtenido la redención y el perdón de los pecados,
Coro 2: en virtud de la riqueza de gracia que Dios derramó abundantemente sobre nosotros con gran sabiduría e inteligencia.
Coro 1: Él nos ha dado a conocer su plan salvífico, que había decidido realizar en Cristo
Coro 2: llevando su proyecto salvador a plenitud al constituir a Cristo en cabeza de todas las cosas, las del cielo y las de la tierra.
Coro 1: En él hemos sido hechos herederos y destinados de antemano, según el proyecto de quien todo lo hace conforme al deseo de su voluntad.
Coro 2: Así nosotros, los que tenemos puesta nuestra esperanza en Cristo, seremos un himno de alabanza a su gloria.
Coro 1: Y en él también ustedes, los que recibieron la palabra de la verdad, la buena noticia que los salva, al creer en Cristo han sido sellados con el Espíritu Santo prometido,
Coro 2: garantía de nuestra herencia para la redención del pueblo de Dios, y ser así un himno de alabanza a su gloria.
(De rodillas)
*Canto
HOY EN ORACION
Hoy en oración, quiero preguntar Señor,
quiero escuchar tu voz, tus palabras con amor.
Ser como eres tú, servidor de los demás,
dime cómo en qué lugar, te hago falta más.
Dime Señor en qué te puedo servir,
déjame conocer tu voluntad.
Dime Señor en ti yo quiero vivir,
quiero aprender de ti saber amar.
Hoy quiero seguir tus caminos junto al mar,
tu palabra, tu verdad, ser imagen de ti.
Ser como eres Tú servidor de los demás,
dime cómo en qué lugar, te hago falta más.
*Preces por los Adolescentes y Jóvenes
Guía: Amigo Jesús, que tuviste especial preferencia por los adolescentes y jóvenes te dirigimos ahora nuestras peticiones por los jóvenes del mundo entero en sintonía con la jornada mundial en Madrid. Encomendamos nuestras oraciones diciendo:
Señor por tu gran amor a los jóvenes, escucha nuestra oración.
Que la fe sea nuestro principal motor en el amor.
Señor por tu gran amor a los jóvenes, escucha nuestra oración.
Haznos fuertes en la pureza.
Señor por tu gran amor a los jóvenes, escucha nuestra oración.
Danos la ilusión de trabajar por el Reino de Dios.
Señor por tu gran amor a los jóvenes, escucha nuestra oración.
Oriéntanos en la búsqueda de nuestra vocación.
Señor por tu gran amor a los jóvenes, escucha nuestra oración.
Aléjanos de todo aquello que nos desvía de ti y permítenos estar siempre en tu presencia.
Señor por tu gran amor a los jóvenes, escucha nuestra oración.
Enséñanos a dejarnos guiar por el Espíritu Santo, a través de ti para llegar al Padre.
Señor por tu gran amor a los jóvenes, escucha nuestra oración.
Para que ninguna decepción, abandono, o tristeza nos aleje de tu amor.
Señor por tu gran amor a los jóvenes, escucha nuestra oración.
*Oración por la jornada en Madrid. Todos.
Amigo y Señor Jesucristo
Amigo y Señor nuestro Jesucristo,
¡qué grande eres!
Con tus palabras y tus obras nos has revelado
quién es Dios, Padre tuyo y Padre de todos nosotros,
y quién eres Tú: nuestro Salvador.
Nos llamas a estar contigo.
Queremos seguirte adonde vayas.
Te damos gracias por tu Encarnación;
eres el Hijo Eterno de Dios, pero no te importó rebajarte y hacerte hombre.
Te damos gracias por tu Muerte y Resurrección;
obedeciste la voluntad del Padre hasta el final
y por eso eres Señor de todos y de todas las cosas.
Te damos gracias porque en la Eucaristía te has quedado entre nosotros;
tu Presencia, tu Sacrificio, tu Banquete
nos invitan siempre a unirnos a Ti.
Nos llamas a trabajar contigo
Queremos ir adonde Tú nos envíes
a anunciar tu Nombre, a curar en tu Nombre, a acompañar a nuestros hermanos
hasta Ti.
Danos tu Espíritu Santo, que nos ilumine y fortalezca.
La Virgen María, la Madre que nos diste en la cruz, nos anima siempre a
hacer lo que Tú nos dices.
Tú eres la Vida. ¡Que nuestro pensamiento, nuestro amor y nuestro obrar
tengan sus raíces en Ti!
Tú eres nuestra Roca. ¡Que la fe en Ti sea el fundamento sólido de toda
nuestra vida!
Te pedimos por el Papa Benedicto XVI, por los Obispos y por todos los que
preparan la próxima Jornada Mundial de los Jóvenes en Madrid.
Te pedimos por nuestras familias y nuestros amigos, y en especial por los
jóvenes que te van a conocer en ese encuentro por el testimonio firme y
gozoso de la fe.
*Canto “Cristo nombre glorioso”.
*Bendición con el Santísimo
Es necesario que se hagan las oraciones de costumbre en la parroquia para este momento.
V/. Les diste el Pan del Cielo.
R/. Que contiene en sí todo deleite.
Oremos. Oh Dios, que en este Sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu Pasión. Concédenos venerar de tal modo los misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos continuamente en nosotros los frutos de tu redención. Que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
Bendito sea Dios.
Bendito sea su santo Nombre.
Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre.
Bendito sea el Nombre de Jesús.
Bendito sea su Sacratísimo Corazón.
Bendita sea su preciosísima Sangre.
Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar.
Bendito sea el Espíritu Santo Consolador.
Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima.
Bendita sea su santa e Inmaculada Concepción.
Bendita sea su gloriosa Asunción.
Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre.
Bendito sea San José su castísimo Esposo
Bendito sea Dios en sus ángeles y santos.
*Reserva del Santísimo.
HISTORIA DE LAS JMJ
¿Qué es la Jornada Mundial de la Juventud?
La Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) es un mega-evento. El Papa invita a todos los jóvenes del mundo, se espera la participación de cientos de miles de personas, todos con el deseo de celebrar juntos, redescubrir sus creencias, conocer personas, cosas nuevas y experimentar la Iglesia como una gran comunidad. Un espacio donde encuentran diversión, reflexión, música, danza, misa y teatro.
¿Qué es la Cruz de la Jornada Mundial de la Juventud?
La Cruz de la JMJ es un regalo del Papa Juan Pablo II para todos los jóvenes del mundo. Al celebrarse el año de la redención. Es un medio de reconciliación. Cabe señalar que esta cruz junto con el icono de María están presentes en cada una de las jornadas mundiales de la juventud.
¿De dónde llegan los peregrinos?
Los participantes de la Jornada Mundial de la Juventud llegan provenientes de más de 120 países de todo el mundo.
¿Por qué vienen tantas personas?
Jóvenes participantes de Jornadas anteriores cuentan con gran entusiasmo del inigualable entorno y ambiente de la JMJ. Un punto es indiscutible: la posibilidad de encontrarse en un solo lugar con miles de jóvenes, que desean experimentar el credo que les une, más allá de fronteras y diferencias culturales.
¿Cuáles son las celebraciones principales de la JMJ?
Las celebraciones más grandes son la Eucaristía de Apertura, la Celebración de Bienvenida con el Papa, así como la Vigilia y la Eucaristía de Clausura.
¿Cuándo se celebra la JMJ de este año?
La Jornada Mundial de la Juventud se celebrará durante una semana, del 15 al 20 de agosto de 2011 en la Arquidiócesis de Madrid, España. Se tendrán encuentro previos catequéticos en diferentes sedes por idioma para los jóvenes del 10 al 14 de agosto del 2011.
¿Dónde se desarrollarán las actividades de la Jornada Mundial de la Juventud?
La JMJ requiere de grandes espacios, sobre todo para las grandes Eucaristías que se celebrarán con la presencia de cientos de miles de participantes.
El caminar de las jornadas mundiales
Iniciaron en el año de 1984 cuando se realizaron en Roma el año de redención distintas celebraciones dedicadas a la juventud, la más importante tuvo lugar en la vigilia del Domingo de Ramos en Roma.
Más de 300.000 jóvenes procedentes de todas las partes del mundo (y albergados por cerca de 6.000 familias romanas) participaron en el Jubileo internacional de la juventud. Entre muchos obispos estaban también presentes el Hermano Roger y la Madre Teresa de Calcuta.
1984 Roma: Plaza de San Pedro, Domingo de Ramos (15 abril). Clausura del Jubileo de los jóvenes en Roma con motivo del Año santo de la Redención. El Papa entrega la Cruz a los jóvenes (22 abril).
1985 Roma: Plaza de San Pedro, Domingo de Ramos (31 abril). Encuentro mundial de jóvenes con motivo del Año Internacional de la Juventud. El Papa dedica una Carta Apostólica a los jóvenes y a las jóvenes del mundo (31 de marzo de 1985) y después anuncia la institución de la Jornada Mundial de la Juventud (20 de diciembre de 1985).
1986 I Jornada Mundial de la Juventud. Tema: «Siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza» (1Pt 3,15). Celebración (diocesana): Domingo de Ramos (23 marzo).
1987 II Jornada Mundial de la Juventud. Tema: «Hemos conocido y hemos creído en el amor que Dios nos tiene» (1Jn 4,16). Celebración (internacional): Buenos Aires (Argentina) (11-12 abril).
1988 III Jornada Mundial de la Juventud. Tema: «Haced lo que Él os diga» (Jn 2,5). Celebración (diocesana): domingo de Ramos (27 marzo).
1989 IV Jornada Mundial de la Juventud. Tema: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 14,6). Celebración (internacional): Santiago de Compostela (España) (15-20 agosto).
1990 V Jornada Mundial de la Juventud. Tema: «Yo soy la vid, vosotros los sarmientos» (Jn 15,5). Celebración (diocesana): domingo de Ramos (8 abril).
1991 VI Jornada Mundial de la Juventud. Tema: «Habéis recibido un espíritu de hijos» (Rm 8,15). Celebración (internacional): Czestochowa (Polonia) (10-15 agosto).
1992 VII Jornada Mundial de la Juventud. Tema: «Id por todo el mundo y proclamad el Evangelio» (Mc 16,15). Celebración (diocesana): Domingo de Ramos (12 abril).
1993 VIII Jornada Mundial de la Juventud. Tema: «Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn 10,10). Celebración (internacional): Denver (USA) (10-15 agosto).
1994-1995 IX-X Jornada Mundial de la Juventud. Tema: «Como el Padre me envió, también yo os envío»(Jn 20,21)
IX Jornada Mundial de la Juventud. Celebración (diocesana): domingo de Ramos (27 marzo 1994). X Jornada Mundial de la Juventud Celebración (internacional): Manila (Filipinas) (10-15 enero 1995).
1996 XI Jornada Mundial de la Juventud. Tema: «Señor, ¿donde quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna» (Jn 6,68). Celebración (diocesana): domingo de Ramos (31 marzo).
1997 XII Jornada Mundial de la Juventud. Tema: «Maestro ¿dónde vives? Venid y veréis» (Jn 1,38-39) Celebración (internacional): París (Francia) (19-24 agosto).
1998 XIII Jornada Mundial de la Juventud. Tema: «El Espíritu Santo os lo enseñará todo» (Jn 14,26). Celebración (diocesana): domingo de Ramos (5 abril).
1999 XIV Jornada Mundial de la Juventud. Tema: «El Padre os ama» (Jn 16,27). Celebración (diocesana): domingo de Ramos (28 marzo).
2000 XV Jornada Mundial de la Juventud - Jubileo de los Jóvenes. Tema: «La Palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros» (Jn 1,14). Celebración (internacional): Roma (15-20 agosto).
2001 XVI Jornada Mundial de la Juventud. Tema: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame» (Lc 9,23). Celebración (diocesana): domingo de Ramos (8 abril).
2002 XVII Jornada Mundial de la Juventud. Tema: «Vosotros sois la sal de la tierra...Vosotros sois la luz del mundo» (Mt 5, 13-14). Celebración (internacional): Toronto, Canada (23-28 julio)
2003 XVIII Jornada Mundial de la Juventud. Tema: "Ahí tienes a tu madre" (Jn 19,27). Celebración (diocesana): Domingo de Ramos (13 de abril de 2003).
2004 XIX Jornada Mundial de la Juventud. Tema: "Queremos ver a Jesús" (Jn 12,21). Celebración (diocesana): Domingo de Ramos (4 de abril de 2004).
2005 XX Jornada Mundial de la Juventud. Tema: "Hemos venido a adorarle" (Mt 2,2). Celebración internacional: Colonia (16-21 de agosto de 2005).
2006 XXI Jornada Mundial de la Juventud. Tema: «Para mis pies antorcha es tu palabra, luz para mi sendero» (Sal 119, 105). (Celebración diocesana).
2007 XXII Jornada Mundial de la Juventud. Tema: «Como yo os he amado, así amaos también vosotros los unos a los otros» (Jn 13,34). (Celebración diocesana).
2008 XXIII Jornada Mundial de la Juventud. Tema: «Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos» (Hch 1,8). (Celebración internacional - Sydney, 15-20 de julio de 2008).
2009 XXIV Jornada Mundial de la Juventud. Tema: «Hemos puesto nuestra esperanza en el Dios vivo» (1 Tm 4,10). (Celebración diocesana).
2010 XXV Jornada Mundial de la Juventud. Tema: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?» (Mc 10,17). (Celebración diocesana).
2011 XXVI Jornada Mundial de la Juventud. Tema: "Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe"(cf. Col 2, 7). Celebración internacional: Madrid (15-20 agosto de 2011)
Oración por la JMJ
Amigo y Señor Jesucristo.
Amigo y Señor nuestro Jesucristo,
¡qué grande eres!
Con tus palabras y tus obras nos has revelado
quién es Dios, Padre tuyo y Padre de todos nosotros,
y quién eres Tú: nuestro Salvador.
Nos llamas a estar contigo.
Queremos seguirte adonde vayas.
Te damos gracias por tu Encarnación;
eres el Hijo Eterno de Dios, pero no te importó rebajarte y hacerte hombre.
Te damos gracias por tu Muerte y Resurrección;
obedeciste la voluntad del Padre hasta el final
y por eso eres Señor de todos y de todas las cosas.
Te damos gracias porque en la Eucaristía te has quedado entre nosotros;
tu Presencia, tu Sacrificio, tu Banquete
nos invitan siempre a unirnos a Ti.
Nos llamas a trabajar contigo
Queremos ir adonde Tú nos envíes
a anunciar tu Nombre, a curar en tu Nombre, a acompañar a nuestros
Hermanos hasta Ti.
Danos tu Espíritu Santo, que nos ilumine y fortalezca.
La Virgen María, la Madre que nos diste en la cruz, nos anima siempre a
hacer lo que Tú nos dices.
Tú eres la Vida. ¡Que nuestro pensamiento, nuestro amor y nuestro obrar
tengan sus raíces en Ti!
Tú eres nuestra Roca. ¡Que la fe en Ti sea el fundamento sólido
de toda nuestra vida!
Te pedimos por el Papa Benedicto XVI, por los Obispos y por todos los que
preparan la próxima Jornada Mundial de los Jóvenes en Madrid.
Te pedimos por nuestras familias y nuestros amigos, y en especial por los
jóvenes que te van a conocer en ese encuentro por el testimonio firme y
gozoso de la fe.
HIMNO JORNADA PROVINCIAL JUVENTUD:
MISIÓN CONTINENTAL
Alfareros.
QUIERO PREPARAR EL CAMINO
QUE YA EL VUELVE A CASA
JESUS MI SEÑOR.
QUIERO IR POR EL CONTINENTE
LLEVAR SU PALABRA Y QUE SE ESCUCHE SU VOZ.
QUIERO GRITARLE A LA GENTE
EL FUEGO QUE CRISTO PUSO EN MI CORAZON.
** QUIERO ANUNCIAR TU PALABRA YO
QUIERO ADORALE A EL.
CORO
UNA MISION MUY ESPECIAL
PARA EL CONTINENTE
EVANGELIZAR.
UNA MISION DEL CORAZON
Y SER TESTIGOS DE SU INMENSO AMOR
NUESTRA MISION….
UNGIDO DEL ESPIRITU SANTO
SERE TESTIGO DE EL QUE RESUCITO.
VOY DONDE ME ENVIEN
Y VOY DEJANDO A TODOS SU AMOR.
VOY CON PASOS FIRMES, VOY CONTINUANDO
LO QUE EL COMENZO.
** QUIRO ANUNCIAR TU PALABRA (YO)
QUIERO ADORALE A EL.
CORO
UNA MISION MUY ESPECIAL
PARA EL CONTINENTE
EVANGELIZAR
UNA MISION DEL CORAZON
Y SER TESTIGOS DE SU INMENSO AMOR
NUESTRA MISION….
RAP:
COMO EL PADRE ME ENVIO
ASI LOS EVIO YO, ESTAS FUERON LAS PALABRAS QUE NOS DIJO EL SENOR
ESTA ES LA MISION, CONTINENTAL
ES DECIR QUE ES TIEMPO DE, EVANGELIZAR
ES LA GRAN MISION EN TODO EL CONTINENTE
LLEVAR EL EVANGELIO A TODO LA GENTE.
QUE NO TE QUEDE TU, QUE NO SE QUEDE EL PUEBLO,
QUE ESTE ES EL MOMENTO DE ANUNCIAR EL EVANGELIO. X2
ES LA CONTUNUACION DE LA GRAN MISION
MISION QUE CRISTO UN DIA COMENZO
Y ME TOCA A MI Y A TODA MI GENTE
LLEVAR EL EVANGELIO POR TODO EL CONTINENTE
** QUIERO ANUNCIAR TU PALABRA (YO)
QUIERO ADORALE A EL
CORO
UNA MISION MUY ESPECIAL
PARA EL CONTINENTE
EVANGELIZAR
UNA MISION DEL CORAZON
Y SER TESTIGOS DE SU INMENSO AMOR
NUESTRA MISION….
Anexo 4.Actividades complementarias para Jornada Provincial de la Juventud (JPJ).
Diócesis: San Juan de los Lagos.
Fecha: 13-20 Agosto.
Objetivo: En nuestra diócesis, se pueda vivir en sintonía con la JMJ y Provincia Eclesiástica de Gdl, la alegría de la juventud que a nivel mundial se congrega para vivir y testificar su fe.
Lema: Joven, es tu tiempo, vive y testifica tu fe.
Himno: Misión continental (alfareros).
Justificación:
La Jornada Mundial de la Juventud es un espacio privilegiado en el que se catequiza, vive y celebra la fe que en Cristo Vivo profesamos. Momentos que sin lugar a dudas, no deben de perderse en el tiempo y espacio, sino que se debe hacer lo posible, para rescatar esta vivencia en todos los rincones de la tierra, aunque no se esté presente físicamente en el lugar que se realiza.
Por lo que, será interesante vivir en nuestra diócesis la alegría, entusiasmo y compromiso que de éste evento emana. Primeramente realizando durante una semana una catequesis con diferentes eventos, que lleven a nuestros adolescentes y jóvenes en la diócesis a la claridad de vivir y testificar su fe como un momento culmen de encuentro con el Cristo el Salvador.
A modo preparatorio de igual manera, para la clausura provincial, que será sólo el inicio de un envío a la misión permanente con otros jóvenes y adolescentes carentes del sentido de la fe.
Por lo tanto, podemos decir, que dentro de esta organización y vivencia de estos momentos, no solo encontraremos más actividades para celebrar la Jornada Mundial de la Juventud, sino que mayormente, será el inicio de una nueva llamada a la misión en la que Aparecida nos insiste que estamos llamados como discípulos-misioneros.
Anexo 4.Actividades complementarias para Jornada Provincial de la Juventud (JPJ).
Diócesis: San Juan de los Lagos.
Fecha: 13-20 Agosto.
Objetivo: En nuestra diócesis, se pueda vivir en sintonía con la JMJ y Provincia Eclesiástica de Gdl, la alegría de la juventud que a nivel mundial se congrega para vivir y testificar su fe.
Lema: Joven, es tu tiempo, vive y testifica tu fe.
Himno: Misión continental (alfareros).
Justificación:
La Jornada Mundial de la Juventud es un espacio privilegiado en el que se catequiza, vive y celebra la fe que en Cristo Vivo profesamos. Momentos que sin lugar a dudas, no deben de perderse en el tiempo y espacio, sino que se debe hacer lo posible, para rescatar esta vivencia en todos los rincones de la tierra, aunque no se esté presente físicamente en el lugar que se realiza.
Por lo que, será interesante vivir en nuestra diócesis la alegría, entusiasmo y compromiso que de éste evento emana. Primeramente realizando durante una semana una catequesis con diferentes eventos, que lleven a nuestros adolescentes y jóvenes en la diócesis a la claridad de vivir y testificar su fe como un momento culmen de encuentro con el Cristo el Salvador.
A modo preparatorio de igual manera, para la clausura provincial, que será sólo el inicio de un envío a la misión permanente con otros jóvenes y adolescentes carentes del sentido de la fe.
Por lo tanto, podemos decir, que dentro de esta organización y vivencia de estos momentos, no solo encontraremos más actividades para celebrar la Jornada Mundial de la Juventud, sino que mayormente, será el inicio de una nueva llamada a la misión en la que Aparecida nos insiste que estamos llamados como discípulos-misioneros.
Itinerario de actividades.
Fecha |
Actividad |
Lugar |
Sábado
13-Agos. |
Apertura oficial: Asamblea Diocesana de la Juventud. |
Tepatitlán |
Domingo
14-Agos. |
XII Encuentro de la Juventud Diocesano
(Marco celebrativo). |
Yahualica |
Lunes
15-Agos. |
Apertura parroquial: Eucaristía con signos.
Campaña: Salvemos al joven del postmodernismo: Pinta de bardas.
Extra: Conferencia: “Una mirada al mundo juvenil: Retos actuales” |
C/parroq.
C/Parroq.
Lagos |
Martes
16-Agos. |
Presentación de talentos con poesía, pintura, canto, baile… |
C/Parroq. |
Miércoles
17-Agos. |
Torneo intergrupal en diversas disciplinas deportivas: futbol, voleibol, basquetbol, frontenis, frontón, porras, carreras de costales, etc.…
Extra: Conferencia: “Una mirada al mundo juvenil: Retos actuales” |
C/parroq.
Tepatitlán |
Jueves
18-Agos. |
Celebración Mariana.
Concierto |
Nivel decanal |
Viernes
19-Agos. |
Cine fórum: El estudiante.
Extra: Conferencia: “Una mirada al mundo juvenil: Retos actuales” |
C/parroq.
Arandas |
Sábado
20-Agos. |
Jornada Provincial de la Juventud |
Guadalajara |
Metodología.
Actividad |
Objetivo |
Evento |
Apertura oficial: Asamblea Diocesana de la Juventud. |
Hacer partícipes a los equipos decanales y parroquiales del proceso de Revitalización de la PAJ en la diócesis. |
Diocesano, participan CODIPAJ asesores y coordinadores decanales y parroquiales. |
XII Encuentro de la Juventud Diocesano
(Marco celebrativo). |
Fascinar al adolescente y joven con un encuentro festivo para que inicien con esperanza su caminar en el proceso de Revitalización. |
Diocesano, participan miembros de pastorales de Adolescentes y Jóvenes en parroquias. |
1. Apertura parroquial: Eucaristía con signos.
2. Campaña: Salvemos al joven del postmodernismo: Pinta de bardas.
3. Extra: Conferencia: “Una mirada al mundo juvenil: Retos actuales” |
1. Celebrar el inicio de la JPJ en la parroquia.
2. Participar en una actividad comunitaria que dé proyección social a jóvenes y adolescentes.
3. Incentivar el interés de la juventud por su propio estilo y formación de vida. |
1. Parroquial.
2. Parroquial.
3. Interdecanal: San Juan, Lagos, Jalostotitlán, San Julián. |
Presentación de talentos con poesía, pintura, canto, baile… |
Presentar capacidades de los participantes para que redescubran su valor en un estilo juvenil y divertido. |
Parroquial. |
1. Torneo intergrupal en diversas disciplinas deportivas: futbol, voleibol, basquetbol, frontenis, frontón, porras, carreras de costales, etc.…
2. Extra: Conferencia: “Una mirada al mundo juvenil: Retos actuales” |
1. Realizar actividades recreativas que fortalezcan el sentimiento de unidad y competitividad en los jóvenes y adolescentes de PAJ.
2. Incentivar el interés de la juventud por su propio estilo y formación de vida. |
1. Parroquial
2. Interdecanal: Tepatitlán, Yahualica, Capilla Gpe., Acatic. |
1. Celebración Mariana.
2. Concierto de Evangelización |
1. Encontrarnos con Cristo Eucaristía y su Madre para fortalecer la espiritualidad en la vida.
2. A un estilo juvenil, alabar, entregar y reformular objetivos personales frente a Cristo. |
Decanal.
Participan miembros adolescentes y jóvenes de las parroquias. |
Cine fórum: El estudiante.
Extra: Conferencia: “Una mirada al mundo juvenil: Retos actuales” |
1. Realizar un análisis que lleve a una toma de conciencia del valor de la vida y juventud.
2. Incentivar el interés de la juventud por su propio estilo y formación de vida. |
1. Parroquial.
2. Interdecanal: Arandas, Atotonilco, Ayotlán. |
Jornada Provincial de la Juventud |
Vivir como provincia, en sintonía con la JMJ, la alegría de la juventud que a nivel mundial se congrega para vivir y testificar su fe. |
Provincial.
Participan miembros de equipos parroquiales, decanales y diocesanos de PAJ. |
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